Este tramo de la Ruta 40 fue elegido el mejor para recorrer en moto en Sudamérica

23 junio, 2026

Este tramo de la Ruta 40 fue elegido el mejor para recorrer en moto en Sudamérica

El rugido de una moto en la cordillera tiene algo de hechizo y de promesa. Al sur de Argentina, un segmento preciso de la mítica Ruta 40 se volvió el preferido de los viajeros y de los moteros: un corredor de lagos azules, curvas suaves y montañas afiladas donde cada kilómetro pide parar y mirar. No es una pista de velocidad; es una ruta para sentir y para saborear.

Aquí la carretera se abraza al bosque andino-patagónico, alterna sombras húmedas con destellos de sol y de agua, y deja que el viento haga su trabajo: despejar la cabeza, ordenar las ideas y encender el asombro.

El corazón del tramo: Siete Lagos

Entre San Martín de los Andes y Villa La Angostura se hilvanan unos 110 kilómetros de asfalto impecable, conocido como el corredor de los Siete Lagos. La Ruta 40 serpentea junto a espejos de agua como Espejo, Correntoso, Villarino, Falkner, Machónico y Escondido, cada uno con su personalidad y su paleta.

La calzada es mayormente fluida y bien señalizada, con curvas que invitan a un ritmo orgánico y a una conducción atenta. La altura modesta permite respirar sin sobresaltos, mientras el paisaje cambia de verde profundo a turquesa encendido.

“En cada curva hay un nuevo encuadre y una nueva razón para aflojar el puño”, confiesa un viajero que repite el tramo como si fuera su mantra de cada verano.

Por qué enamora sobre dos ruedas

Sobre la moto, el corredor se vuelve sensorial y casi íntimo. Huele a resina, a madera húmeda, a lago frío que corta la piel y despierta la memoria. La carretera, sin ser técnica, regala esa mezcla de comodidad y sorpresa que tantos buscan al planificar un viaje.

El tráfico es razonable fuera de los picos de temporada, y los miradores están pensados para parar sin estrés y tomar una foto o simplemente escuchar el golpeteo del agua contra la orilla de piedra. “No batí récords, pero batí el reloj interior”, bromea una motoneta con sonrisa de oreja a oreja.

Clima, temporadas y ritmo

La primavera y el otoño son épocas doradas: días nítidos, menos gente y colores que parecen editados a mano. En invierno, el hielo puede jugar una mala pasada, y en verano el flujo de turistas exige paciencia y buena gestión de horarios.

El viento patagónico es parte del guion: a veces brisa, a veces empujón. Ajusta tu ritmo al paisaje, no al velocímetro, y deja que el día marque su canción.

Paradas que no fallan

  • Mirador del Lago Espejo: agua de espejo, luz de cine y arribo fácil.
  • Puente del Río Correntoso: el río “más corto”, de fuerza hipnótica y color vidrio.
  • Cascada Vullignanco: caída elegante junto al camino, ruido de espuma y aire frío.
  • Lago Falkner y Lago Villarino: bahías calmas para un mate largo y una charla lenta.
  • Miradores del Lago Escondido y Machónico: curvas, bosque, y un golpe de azul que parece irreal.

Consejos de ruta esenciales

Carga combustible en San Martín o en Villa La Angostura y viaja con margen de seguridad. Lleva capas: una campera corta-viento, una térmica ligera y guantes que no dejen pasar la humedad.

No subestimes a la fauna: guanacos, zorros y aves cruzan sin pedir permiso. Las mañanas suelen ser más tranquilas; a primera hora, la luz es limpia y el asfalto está menos cargado. Y sí, reserva alojamiento en temporada alta: improvisar aquí puede salir caro y cortar el encanto.

Si te tienta el ripio, un desvío a Villa Traful ofrece camino de grava estabilizada y un lago de un silencio que abruma, pero no es imprescindible para completar la experiencia principal.

Voces de quienes ya lo rodaron

“Es una ruta que te enseña a bajar un cambio y a escuchar tu motor como si te hablara”, dice Marcela, que llegó desde Mendoza con una bicilíndrica y pocas prisas.

“Lo mejor no es llegar: es ir parando sin culpa y dejar que el paisaje te edite el plan”, cuenta Diego, que juró volver con más días y menos mapas.

“Hay tramos más extremos en la 40, pero ninguno tan amable y tan cinematográfico para empezar a amar la Patagonia”, apunta Jorge, guía y mecánico de rutas patagónicas.

Si quieres ir más allá

Hacia el norte, Junín de los Andes regala parrillas con humo dulce y un río Chimehuín de leyenda. Al sur, Bariloche suma chocolate y curvas de la Ruta 40 rumbo a El Bolsón, con cerros que parecen salidos de un relato nórdico.

¿Buscas algo más rudo? Mucho más arriba, el Abra del Acay ofrece altura, ripio y una prueba seria de temple; en Santa Cruz, el viento en la estepa es un entrenador infalible de cuello y de alma. Pero para enamorarse sin sobresaltos, el corredor lacustre patagónico es un sí rotundo y un pase libre al vicio de volver.

Quizá por eso, cuando alguien pregunta por un primer amor sobre dos ruedas, tantas voces apuntan al mismo mapa. Porque aquí la carretera no solo une pueblos: une latidos con paisajes y convierte el tiempo en algo más lento, más tuyo.

Camila Torres

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Soy periodista y redactora en Diario22.ar, apasionada por las historias que conectan la actualidad con la gente. Me formé en comunicación social en Buenos Aires y desde entonces busco darle voz a lo cotidiano, con una mirada curiosa y humana. Creo que el periodismo no solo informa: también inspira y transforma.

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