Es oficial: las auroras australes volvieron a teñir el cielo de Ushuaia y las fotos son increíbles

22 junio, 2026

Es oficial: las auroras australes volvieron a teñir el cielo de Ushuaia y las fotos son increíbles

La noche fue un susurro eléctrico y, de pronto, el cielo explotó en pinceladas de color. En cuestión de minutos, las calles de Ushuaia se llenaron de miradas en alto, teléfonos en mano y un murmullo compartido: “¿Lo estás viendo?”. Las luces del sur volvieron a bailar, y con ellas llegó una oleada de fotos increíbles que ya recorren toda la región.

Un espectáculo que despierta a la ciudad

Desde los balcones frente al Beagle, en los miradores y hasta en el muelle, la gente salió a respirar la noche. Eran pasadas las once cuando un velo verdoso empezó a asomar, y al rato las cortinas magenta ganaron intensidad. “Fue como si alguien bajara el interruptor de la realidad y encendiera otro mundo”, contó Lucía, vecina del barrio Alakalufes.

Los más jóvenes celebraban con risas, y los mayores se quedaban en silencio, como si reconocieran un secreto muy antiguo. “En el mar se reflejaban como ríos de fuego frío”, dijo un pescador que se detuvo a mirar desde el muelle viejo. La ciudad se volvió una cámara oscura, y la noche, un laboratorio de asombro.

Qué pasó en el cielo del extremo sur

La explicación es tan terrenal como poética: una tormenta geomagnética impulsada por eyecciones de masa coronal del Sol chocó con la magnetosfera. Cuando esas partículas cargadas se precipitan hacia los polos, excitan átomos de oxígeno y nitrógeno en la alta atmósfera. Así nacen los tonos verdes y rojos más intensos, y los púrpuras que cortan el horizonte.

Los índices Kp llegaron a niveles altos, algo que abre la “puerta” a latitudes más bajas de lo habitual. “No es magia, es física hermosa a escala planetaria”, explicó la investigadora Valeria Molina, del grupo de ciencias atmosféricas de la UNTDF. En noches frías y con pocas nubes, la danza se vuelve más nítida y los arcos pueden transformarse en cortinas que parecen moverse al ritmo de una batería invisible.

La fiebre fotográfica

La ciudad reaccionó con una coreografía espontánea: trípodes en plazas, abrigos apretados y cuentas de Instagram iluminadas. Para quienes salieron con cámaras, la receta fue clara: diafragmas abiertos, ISO moderado y exposiciones de pocos segundos para congelar la textura. En teléfonos, el modo nocturno hizo lo suyo; aun así, vale cubrir la lente del resplandor urbano y apuntar al sector más oscuro del sur.

“Disparé a 6 segundos y el cielo parecía una pintura viva”, contó Ariel, fotógrafo que suele cazar vías lácteas en invierno. El desafío no es solo técnico, también es de paciencia: las auroras suben y bajan como una marea luminosa, y cada ráfaga puede cambiar el encuadre en un parpadeo.

Consejos para quien quiera verlas

  • Buscar cielos lo más oscuros posible, lejos de luces urbanas.
  • Mirar hacia el sur y darle tiempo al ojo para adaptarse a la oscuridad.
  • Elegir noches frías y con viento leve, que suele limpiar la nubosidad.
  • Para fotos: trípode estable, ISO medio, apertura amplia y 3–10 segundos de exposición.
  • Llevar abrigo en capas y una bebida caliente; el frío es parte del ritual.
  • Evitar luces frontales y pantallas muy brillantes, que “matan” la visión nocturna.

Por qué sucede ahora y qué esperar

Estamos atravesando el pico del ciclo solar 25, una etapa de mayor actividad que favorece estos eventos. Con más manchas solares y más eyecciones de plasma, aumentan las probabilidades de noches memorables en la Patagonia. “Durante los próximos meses, si las condiciones acompañan, no sería raro repetir este tipo de escenas”, apuntó el astrónomo Martín Soria, del observatorio local.

No todo depende del Sol: la nubosidad, el viento y la luminosidad de la Luna pueden sumar o restar. Aun así, los últimos registros muestran que el extremo austral está viviendo una racha poco común. Las redes se llenan de mapas Kp, alertas en tiempo real y grupos que coordinan salidas relámpago a la costa.

Para muchos, ver estas luces es un viaje íntimo. Hay quien las siente como un eco de infancia, quien las mira con ojos de ciencia y quien solo se deja llevar por la emoción. “Te recuerda que somos parte de algo enorme, y aun así muy cercano”, dijo Sofía, guía que anota en un cuaderno cada noche especial.

Cuando el resplandor se apaga, queda una estela de silencio y la sensación de haber asistido a un milagro sin altar. La ciudad vuelve a su pulso tranquilo, pero las pupilas tardan en olvidar ese latido verde que pintó el fin del mundo. Tal vez mañana, o el fin de semana, el cielo vuelva a encender la señal. Y volveremos a mirar hacia arriba, con frío en las manos y calor en la memoria.

Camila Torres

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Soy periodista y redactora en Diario22.ar, apasionada por las historias que conectan la actualidad con la gente. Me formé en comunicación social en Buenos Aires y desde entonces busco darle voz a lo cotidiano, con una mirada curiosa y humana. Creo que el periodismo no solo informa: también inspira y transforma.

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