Por qué cada vez más jardineros arrancan sus ligustrinas

25 octubre, 2026

Por qué cada vez más jardineros arrancan sus ligustrinas

Son las 7.20 en Ituzaingó. Ramiro Duarte, 42 años, abre el baúl de la Partner, acomoda la barreta, la motosierra, la desmalezadora y una bolsa de bulones. En la vereda húmeda lo esperan 18 metros de ligustrina de 2,2 metros de alto. Alarga una cinta, mide, marca con tiza. Mientras ceba un mate, explica que hoy no vino a emprolijar. Vino a cortar al ras, a destoconar y a cargar ramas. Dice que desde 2023 su agenda cambió de raíz.

“Antes vivía de la poda fina. Ahora me llaman para sacarlas completas”, resume. Lo cuenta sin épica y con números: en 2021, 8 de cada 10 consultas eran por recorte; en 2024 y 2025, 6 de cada 10 son para extracción. El motivo que escucha en barrios del Oeste, de San Isidro y de La Plata se repite: tiempo, plata, salud y reglas del municipio. No es moda. Es una reorganización práctica del jardín.

Del tijerón a la pala: el cambio en el trabajo de Ramiro

Ramiro trabajó 19 temporadas con ligustrinas. Conoció ventanas nuevas que quedaban tapadas en 6 meses y veredas invadidas por ramas a 40 días de un corte. “Ligustrum lucidum y sinense” crecen 30 a 60 centímetros por año si hay agua y sol. En esquinas ventiladas de Ramos Mejía midió 2,8 metros en 4 años. Ese empuje obliga a volver con frecuencia. La mayoría ya no quiere ese ciclo corto.

El llamado ahora suele tener tres frases: “no damos abasto”, “mi nena estornuda desde octubre” y “me cansé de pelear con el camión de residuos verdes”. Ramiro arma un plan: secciona en tramos de 2 metros, corta a 50 centímetros, extrae tocones con barreta y criquet, y deja las raíces principales expuestas. Si hay medianera con vecinos, instala tableros de 18 milímetros para proteger pintura y revoque.

El tiempo es medible. Un equipo de 2 personas tarda entre 3 y 4 horas por cada 10 metros para cortar, destoconar suave y trozar. Con tocones duros, suma 60 a 90 minutos con barrena. La motosierra consume 0,6 litros/hora; la chipeadora, 1,2 litros/hora. En 2025, Ramiro cobra entre $280.000 y $420.000 por 15 metros, con chip y retiro. La variación depende del acceso, la altura y si usa minicargadora.

Antes recortaba 10 cercos por semana; ahora arranco 3 completos cada viernes y no paro desde 2023.

La demanda viene de casas de 8 a 12 metros de frente y de edificios bajos con jardines sobre línea municipal. También de instituciones: dos colegios en Morón y un club en Haedo retiraron 70 metros en 2024. La secuencia suele terminar con una barrera diferente: rejas, mallas con trepadoras o cercos de especies más lentas. El objetivo que le piden es claro: menos visitas, menos alergia y menos discusión vecinal.

Costos, tiempo y organización: números que empujan a sacar ligustrinas

El mantenimiento de una ligustrina “ordenada” insume 8 a 10 cortes al año en el AMBA, de septiembre a mayo. Un tramo de 10 metros y 2 metros de alto demanda 1,5 a 2,5 horas por visita, más traslado y bultos. En 2025, un corte prolijo con retiro cuesta $45.000 a $90.000 según altura, accesos y volumen. En 12 meses, ese cerco puede tragar entre $360.000 y $900.000, sin contar imprevistos por tormentas.

El volumen de verdes es otra cuenta: cada 10 metros generan 0,5 a 0,8 m³ por corte. Si el municipio retira solo 1 día por semana, el cliente debe embolsar y esperar. Un error de día o de franja horaria complica la cuadra y expone a multas. Con extracción, el flujo se convierte en un evento único: 1 a 2 m³ por 15 metros, que se chipean en sitio o se llevan en 1 viaje a planta de compostaje o a un punto de transferencia.

El riego en verano también pesa. Jardines con aspersores por caño entregan 15 a 25 litros/metro/semana a la línea de cerco para que no se abra en manchas. En 10 metros son 150 a 250 litros por semana, durante 14 a 16 semanas fuertes. Son 2.100 a 4.000 litros en la temporada. En casas con pozo y bomba esto suma 12 a 20 kWh de consumo eléctrico por mes caluroso, más gasto y más control.

Ramiro compara: sacar 15 metros cuesta como 6 a 10 visitas de poda. Si el hogar hacía 8 cortes anuales a $60.000, la extracción “se paga sola” en 12 a 15 meses. A eso suma ahorro de insumos: cuchillas afiladas cada 40 días a $6.000, combustible, bolsas y tiempo de coordinación. El punto que más convence a familias con poco margen horario es simple: 0 recordatorios, 0 llamados cada 3 semanas y 0 sorpresas tras una lluvia y 10 días de calor.

Cuando les muestro la planilla de tiempos y costos acumulados, la respuesta es la misma: sacala y listo.

Alergias, normativas y contexto argentino: por qué acá pesan más

Entre octubre y diciembre, las ligustrinas florecen fuerte en Buenos Aires, Rosario y Córdoba. Ramiro anota en su cuaderno un dato repetido desde 2022: 4 de cada 10 consultas incluyen “rinitis o conjuntivitis en casa”. En hogares con niñas y niños de 5 a 12 años, los padres marcan picos entre octubre y noviembre. Clínicos y otorrinos recomiendan reducir exposición. Quitar el cerco cercano a puertas y ventanas es una decisión pragmática.

La otra razón es ecológica y legal. El ligustro es exótico y se naturaliza con facilidad. Aves comunes, como zorzales y calandrias, dispersan semillas a distancias de 1 a 5 kilómetros. Cursos de agua urbanos, como el Reconquista y el Luján, muestran colonización en bordes desde hace al menos 15 años. Varios municipios desalientan su plantación nueva y promueven reemplazos por nativas o por especies menos invasoras en veredas y frentes.

En consorcios de PH y barrios cerrados del Norte del GBA, administraciones cambiaron reglamentos internos entre 2020 y 2024. Algunos fijaron alturas máximas de 1,8 metros y distancias de 40 a 60 centímetros de la línea de medianera. La meta es clara: evitar sombreo persistente, humedad en muros y conflictos de mantenimiento. Con esos topes, mantener privacidad con ligustrina implica más cortes. Varias familias optan por rejas más livianas y trepadoras estacionales.

El ruido también entra en juego. Una barrera de 0,8 a 1,2 metros de espesor atenúa 3 a 5 dB en calles internas, según mediciones sencillas de Ramiro con una app y un sonómetro básico en 2023. No es una muralla sonora. Reemplazos con enrejado y trepadoras densas logran números parecidos en 12 a 18 meses, sin floraciones intensas y con 3 a 4 podas anuales. Ese calendario más largo reduce encuentros con alergenos en semanas críticas.

¿Puede un cerco vivo sin ligustrina cumplir la misma función?

La pregunta práctica es si un reemplazo sostiene privacidad y orden con menos costo. Ramiro propone tres combos, según sol y viento: Eugenia (Syzygium paniculatum) a 60 centímetros entre plantas; Sen del campo (Senna corymbosa) intercalado cada 80 centímetros; y un mix de nativas bajas con enrejado y trepadoras (Passiflora, Muehlenbeckia) para frentes de 8 a 10 metros. En 12 a 18 meses, todos consiguen cobertura pareja con 3 cortes al año.

En 2025, un plantín de Eugenia en maceta 3 cuesta $5.000 a $8.000 y uno en maceta 5, $12.000 a $18.000. Para 10 metros, con 16 plantas a 60 centímetros, la compra va de $80.000 a $288.000, según tamaño. La implantación con riego inicial y tutorado suma $60.000 a $120.000. Aun con una inversión de $300.000 a $400.000, muchas familias la prefieren frente a $360.000 a $900.000 de poda anual que exigía el ligustro.

  • Riego de establecimiento: 8 a 12 litros por metro por semana durante 10 a 12 semanas de verano.
  • Podas: 3 a 4 por año, 45 a 75 minutos cada 10 metros, con retiro sencillo (0,2 a 0,4 m³).
  • Privacidad: cobertura densa en 12 a 18 meses, altura de trabajo 1,6 a 1,8 metros.
  • Ruido: atenuación de 3 a 5 dB con espesores de 0,8 a 1,0 metro y trepadoras densas.
  • Calendario: extracción en otoño-invierno, plantación a fines de julio y primeros recortes en noviembre.

El reemplazo ordena la logística. En vez de 8 a 10 visitas al año, quedan 3 o 4 con menos bolsas. El riego se concentra en 2 a 3 meses críticos y luego baja a 6 a 10 litros/metro/semana. Con goteo de 2 litros/hora, 5 goteros cada 2 metros, el cerco recibe 20 litros cada 2 horas de turno. Dos turnos semanales bastan en veranos normales. Ese esquema es compatible con restricciones municipales por sequía, que aparecieron en 2020 y 2023.

Ramiro arma cronogramas por cuadra para ahorrar traslados. En Castelar Norte, agrupó 6 frentes en un radio de 900 metros y resolvió 72 metros en 2 días. Sumó 3 clientas nuevas por recomendación. El boca a boca crece porque el objetivo es medible: menos horas, menos alergia y menos residuos. En su registro 2024, 72% de quienes quitaron ligustrinas no volvió a cercos de crecimiento rápido. Eligieron sistemas mixtos y trepadoras, y ajustaron expectativas de altura.

Hay decisiones puntuales que aceleran la transición. Ramiro sugiere cortar y destoconar entre mayo y agosto, cuando el suelo está más húmedo y la presión de brotes es menor. Pide avisar al vecino con 7 días de anticipación y proteger vereda durante el chip. Si hay cables a 2,2 metros, coordina con la cuadrilla eléctrica. Y si la cuadra es angosta, prefiere dos viajes cortos a 1 viaje muy cargado para no bloquear el tránsito 25 minutos.

Punto clave Detalle Qué aporta al lector
Costos anuales Ligustrina: $360.000-$900.000 por 10 m en 12 meses Permite comparar con inversión única de extracción y reemplazo
Tiempos de trabajo 1,5-2,5 horas por corte vs 3-4 horas para extraer 10 m Ayuda a planificar agenda y cantidad de visitas al año
Salud y alergias Picos entre octubre y diciembre; reducción al cambiar de especie Informa cuándo actuar para minimizar exposición familiar
Agua y energía 15-25 L/m/semana en verano; 12-20 kWh/mes con bomba Cuantifica el consumo y las posibles reducciones con reemplazos
Camila Torres

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Soy periodista y redactora en Diario22.ar, apasionada por las historias que conectan la actualidad con la gente. Me formé en comunicación social en Buenos Aires y desde entonces busco darle voz a lo cotidiano, con una mirada curiosa y humana. Creo que el periodismo no solo informa: también inspira y transforma.

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