Más linda que Villa La Angostura y más barata que Bariloche: este pueblo cordillerano enamora en invierno

12 junio, 2026

El invierno en la cordillera puede ser suave o brutal, pero en este pequeño pueblo se vuelve amable. La nieve cae en silencio, las araucarias se cargan de blanco como catedrales verdes, y el lago se tiñe de un azul metálico que corta el aliento. Aquí el viajero se siente libre, mimado por tarifas más honestas y un ritmo que invita a bajar un cambio sin perder ni una gota de magia.

“Acá el silencio se escucha”, comenta un instructor del centro de esquí mientras señala el bosque de pehuenes, esas araucarias milenarias que parecen custodiar cada paso. “La primera vez que vi las copas nevadas pensé que eran esculturas”, agrega una viajera con las mejillas encendidas por el frío.

Dónde queda y cómo llegar

El destino late en el noroeste de Neuquén, a la sombra del volcán Copahue y sobre la orilla del lago Caviahue. Desde la ciudad de Neuquén son unas cinco a seis horas por rutas seguras, con un último tramo de montaña que regala vistas increíbles. Se llega por la RN 22 hasta Zapala y de ahí por las provinciales 13 y 23, que en invierno exigen cadenas y prudencia.

Quienes vuelan desde Buenos Aires o Córdoba pueden aterrizar en Neuquén capital y alquilar auto, o combinar con bus hasta el pueblo, que opera con regularidad aun con nieve. El camino, cuando el sol se filtra entre nubes, deja ver fumarolas del volcán y lenguas de bosque de araucarias.

Un invierno de postales: nieve, araucarias y termas

El paisaje es de cine. Las laderas se abren en anfiteatros de nieve polvo, el lago espeja picos y el viento trae el perfume resinoso de los pehuenes. Muy cerca, en Copahue, las termas bullen entre vapores y piletas minerales, perfectas para relajar músculos tras una jornada de nieve.

“Terminar el día en agua caliente al aire libre es impagable”, suelta un viajero con una sonrisa tranquila. La combinación de baños termales, nieve profunda y bosques prehistóricos construye un ambiente difícil de olvidar.

Esquiar sin multitudes

El centro de esquí local es acogedor, con pistas amplias, remontes eficientes y un clima de escuela de montaña donde todos se saludan. Las tarifas del pase diario suelen ser más amables que en los grandes polos, y las clases colectivas mantienen un trato cercano.

La nieve suele ser generosa, el fuera de pista tentador para quienes tengan guía y criterio, y las caminatas con raquetas entre pehuenes regalan una paz absoluta. “Acá nadie te apura”, dicen los instructores, que conocen cada lomo, cada cornisa y cada resguardo del bosque.

Comer y dormir bien, sin gastar de más

El pueblo ofrece cabañas cálidas, hosterías familiares y hoteles pequeños con desayuno casero. Muchas opciones incluyen cocina, detalle útil para armar cenas sencillas y aliviar el presupuesto. La gastronomía privilegia truchas, pastas, estofados y chocolates artesanales.

En los refugios de base hay sopas humeantes, guisos vigorosos y porciones para compartir, a precios más terrenales que en los destinos estrellas de la región. “Acá todavía se come rico sin miedo a la cuenta”, resume una moza con delantal harinoso.

Plan exprés de 48 horas

Para una escapada corta, conviene alternar montaña, termas y paseos escénicos. Un itinerario posible:

  • Día 1: mañana de esquí en pistas familiares; tarde de raquetas entre pehuenes; atardecer en mirador con vista al lago; cena de trucha con papas andinas.
  • Día 2: excursión a cascadas del Agrio y circuitos de lava; almuerzo montañés; baño termal al aire libre en Copahue; chocolate caliente frente al fuego lento.

Más que nieve: excursiones y cultura local

Además del esquí, son imperdibles las cascadas del río Agrio, con aguas de tonos ocres y verdes que contrastan con la nieve pura. Los miradores sobre el lago dan perspectivas de postal, y las caminatas cortas al pie del volcán muestran suelos humeantes y texturas lunares.

El pueblo mantiene alma de frontera, con artesanos que trabajan madera de lenga y piñones de araucaria usados en panes y licores dulces. La noche regala cielos limpios, perfectos para observar la Vía Láctea con un termo de mate a mano.

Consejos prácticos y sostenibles

Viajar en invierno exige equipo adecuado: abrigo por capas, guantes impermeables, antiparras y calzado con buena tracción. Llevar cadenas y chequear el estado de rutas antes de salir es clave. Para termas, traje de baño oscuro y toalla gruesa.

La naturaleza aquí es frágil: no dejes huella, respeta sendas, vuelve con tu basura y evita pisar plantas bajo la nieve. Si contratas excursiones, elige guías habilitados, que además de seguridad aportan historias y geología en versión amigable.

Al final, este rincón cordillerano conquista por su mezcla de paisaje magnético, hospitalidad simple y tarifas que todavía parecen de otra era. Un lugar donde el invierno no grita, sino que susurra: vení, abrigate y quedate un rato más.

Camila Torres

Post author name

Soy periodista y redactora en Diario22.ar, apasionada por las historias que conectan la actualidad con la gente. Me formé en comunicación social en Buenos Aires y desde entonces busco darle voz a lo cotidiano, con una mirada curiosa y humana. Creo que el periodismo no solo informa: también inspira y transforma.

Dejá un comentario