Más agreste que el Cerro Catedral y menos concurrido que Chapelco: este sendero patagónico es el plan del invierno

12 junio, 2026

El invierno patagónico invita a cambiar de ritmo: dejar atrás las multitudes, seguir un sendero que se siente antiguo y asomarse a glaciares que respiran. En el Cerro Tronador, la travesía hacia el Refugio Otto Meiling ofrece ese pulso: nieve profunda, silencio sonoro y una línea de montañas que corta el aliento. “Aquí uno entiende que la cordillera late”, dice un guía local, mientras el viento empuja copos como brasas frías.

Dónde queda y por qué enamora

Entre Bariloche y la frontera con Chile, el Tronador se alza con su triple cumbre y sus hielos azulinos. El refugio Otto Meiling se posa en una arista que separa los glaciares Castaño Overa y Alerce, un balcón natural que en invierno parece levitar. La senda parte desde Pampa Linda, cruza bosques de coihues y va ganando altura hasta que los árboles ceden el paso a la nieve continua.

“Es un camino que te cambia el paso y la mirada”, comenta una montañista que repite la ruta cada temporada fría. No es un circuito de moda, y esa es parte de su encanto: la montaña manda y el visitante escucha.

Cómo es el sendero en invierno

En verano, el terreno es firme y el avance es ágil; con nieve, todo se transforma. La pendiente final hacia la arista exige huella segura, lectura del relieve y conocimiento de los cambios de la nieve. Según el día, se avanza con raquetas, con crampones o con esquís de travesía. La traza está marcada, pero el manto blanco la borra y obliga a navegar con brújula, mapa y GPS.

Al llegar, el refugio abriga con madera tibia y olores a cocina lenta. Afuera, los glaciares rugen con pequeños desprendimientos que parecen susurros. “De noche, el cielo se abre como una cúpula, y la Vía Láctea cae sobre la arista”, dice un refugiero con una sonrisa que calienta.

Nivel técnico y para quién es

No es un paseo urbano ni un pasaje improvisado. En invierno, la ruta se considera de dificultad media-alta, apta para personas con experiencia previa en montaña nevada o acompañadas por un guía habilitado. El desnivel y la exposición a viento y sensación térmica negativa piden buen ritmo, pausa inteligente y control de energía.

Quienes llegan con paciencia y humildad descubren un tipo de disfrute poco estridente: el avance medido, el crujido de la nieve, el vapor del aliento dibujando arabescos.

Equipo esencial y seguridad

Subestimar la meteorología patagónica es el error más común. El parte del Parque Nacional Nahuel Huapi y los pronósticos de viento deben guiar la decisión. Un guardaparque lo resume así: “El día claro se gana esperando, no empujando la suerte”.

Para una salida segura, considera:

  • Capa base térmica, capa aislante y campera impermeable-resistente al viento
  • Botas rígidas o semirrígidas, polainas, guantes y gorro de repuesto
  • Crampones o raquetas/esquís de travesía, bastones con rosca de nieve
  • Lentes UV, bloqueador, termo con bebida caliente y calorías densas
  • Mapa, brújula, GPS, frontal y botiquín con manta térmica
  • ARVA, pala y sonda si la pendiente y el boletín de avalanchas lo indican
  • Teléfono satelital o radio VHF para zonas sin cobertura

La gestión del frío es tanto técnica como mental: comer antes del hambre, hidratar incluso sin sed, y ajustar capas sin esperar a enfriarse.

Accesos, refugio y permisos

El acceso habitual comienza en Pampa Linda, a unas dos horas de Bariloche por camino de ripio sujeto a horarios de circulación. En temporada invernal, los controles del parque pueden pedir registro de montaña y comprobante de reserva en el refugio si planeas pernoctar. Conviene coordinar transporte 4×4 o transfer local si hay nieve en la ruta.

El Refugio Otto Meiling ofrece camas en cuchetas, comidas simples y agua derretida de nieve. Lleva efectivo y confirma apertura, ya que las fechas pueden variar por clima. También se puede hacer la travesía en el día con luz extensa y físico sólido, pero pernoctar regala un amanecer que vale cada paso.

Mejor época y ventana de clima

Entre julio y septiembre, las nevadas son más constantes y la nieve, más invernal. Octubre puede traer firn estable pero también húmedo. El viento es la variable maestra: reduce visibilidad, enfría, y puede impedir la cumbre de la arista. Elegir la ventana correcta evita convertir la aventura en riesgo.

“Si el parte no convence, el cerro seguirá ahí mañana”, insiste un guía que prefiere regresar mil veces antes que forzar una sola vez.

Ética de montaña y huella mínima

La rudeza del entorno exige respeto activo. Caminar por la traza, llevarse la basura, no tallar nieve para caprichos y proteger la vegetación subnival son gestos básicos. En el refugio, compartir mesa y secar equipo sin invadir el espacio ajeno es parte del ritual de alta montaña.

Volver de esta ruta deja una certeza silenciosa: hay inviernos que se recuerdan por la pureza del aire, la sobriedad del paisaje y la sensación de haber rozado, por un rato, el corazón helado de la cordillera. En un rincón sin estridencias, la Patagonia ofrece su mejor verso: nieve, roca y un cielo que parece recién nacido.

Camila Torres

Post author name

Soy periodista y redactora en Diario22.ar, apasionada por las historias que conectan la actualidad con la gente. Me formé en comunicación social en Buenos Aires y desde entonces busco darle voz a lo cotidiano, con una mirada curiosa y humana. Creo que el periodismo no solo informa: también inspira y transforma.

Dejá un comentario