Por qué los grandes ajedrecistas pierden kilos durante un torneo — la ciencia tiene la respuesta

28 octubre, 2026

Por qué los grandes ajedrecistas pierden kilos durante un torneo — la ciencia tiene la respuesta

Son las 9:58 en el Club Argentino de Ajedrez, Maipú 133, Buenos Aires. Lucas, gran maestro de 28 años, ajusta la silla, respira hondo y mira el reloj digital que marca 1:30:00. Anota 1.e4 y, antes de sentarse del todo, toma un sorbo de agua. En la balanza del hotel, a las 8:10, pesó 74,6 kg. Sabe que al final de la ronda el número será otro. En voz baja, su entrenador repite la frase que lo persigue desde 2019: “por qué los grandes ajedrecistas pierden kilos durante un torneo — la ciencia tiene la respuesta”.

En la mesa hay un plátano, 40 gramos de nueces y una botella de 500 ml con sales. Nada más. Lucas se mueve con calma, pero sus dedos golpean la mesa cada 6 o 7 segundos. El salón está a 24 °C; afuera, 29 °C. El árbitro anuncia silencio. Son 5 horas por delante, quizá 6. El gesto es mínimo: respirar, pensar, anotar. Sin correr un metro, su cuerpo gasta más, suda más y, al final de 10 días, pesa menos.

Qué le pasa al cuerpo de un gran maestro durante 4 a 6 horas de partida

A los 20 minutos, el reloj cardíaco marca 104 pulsaciones por minuto, lejos de sus 58 de reposo. En el apuro de tiempo subirá a 120 o 130 lpm durante 15 a 25 minutos. Las palmas transpiran, la respiración se acelera 2 a 4 ciclos por minuto y aparece el “temblor fino” en los dedos. No es ansiedad abstracta: es activación simpática que eleva el gasto energético por encima del estar sentado quieto.

En un abierto de 9 rondas en 2023, bajé 2,3 kilos. No hice gimnasio, sólo jugué y caminé al hotel. Volví con el cinturón en el tercer agujero.

Lucas se para 10 a 14 veces por partida. Camina pasillos estrechos, sube y baja 2 o 3 escalones, hace cola para el baño. Son micro-movimientos, pero suman. En 5 horas así, su reloj registra 3.500 a 5.000 pasos. Bebe 1,5 a 2,0 litros de agua, pero orina 3 o 4 veces, impulsado por el café de la mañana (200 a 300 mg de cafeína). Pierde sudor, respira aire seco y elimina líquido por diuresis.

El final del día ofrece una foto cruda. Antes de cenar, la balanza marca 73,5 kg: −1,1 kg. Después de hidratarse y comer 900 kcal, recupera 0,6 kg. El saldo neto es de −0,5 kg en 24 horas. No es magia: menos entrada de energía, más salida por estrés, postura tensa y pausas constantes. Repetido 8 a 11 días, la cuenta cierra con 2 a 3 kg menos sin correr una sola cuadra.

El patrón se refuerza con el sueño. En torneo, Lucas duerme 6 h 20 m de promedio, 70 minutos menos que en casa. Al amanecer, su frecuencia en reposo queda en 72 a 76 lpm, 14 a 18 latidos por arriba de lo normal. El cuerpo sigue “encendido” 18 a 20 horas al día: prepara, juega, analiza, responde mensajes, cena tarde. La deuda de descanso empuja hormonas del estrés y achica el apetito a destiempo.

La fisiología medida: calorías, hormonas, temperatura y micro‑movimientos

El cerebro consume cerca del 20% de la energía basal: en un adulto de 75 kg son 300 a 400 kcal por día en reposo. La competición no lo convierte en atleta aeróbico, pero la activación simpática añade capas: catecolaminas, presión arterial más alta y tensión muscular en cuello, espalda y antebrazos. Ese combo, sentado, puede sumar 50 a 100 kcal por hora sobre el reposo pasivo, según duración, clima y nivel de estrés.

En ajedrez de alto nivel abundan dos picos: media partida y apuro de tiempo. Cuando el pulso sube de 60–70 a 110–130 lpm, el costo energético, aunque menor que correr, es sostenido. Si el extra llega a 80 kcal/h durante 5 horas, son 400 kcal encima del día normal. Agregue 90 minutos de análisis pospartida y caminatas cortas: otros 100 a 200 kcal. El total extra ronda 500 a 700 kcal por jornada intensa.

La bioquímica redondea el cuadro. El cortisol puede aumentar 15 a 25% en días de torneo, lo suficiente para movilizar glucógeno. Cada 1 g de glucógeno se guarda con ~3 g de agua. Si se usan 120 a 180 g a lo largo del día entre cerebro y músculo, se “liberan” 360 a 540 g de agua. Sumados a 400 a 700 ml de diuresis ligada a cafeína y estrés, explican 0,8 a 1,4 kg de variación en la balanza.

El NEAT —lo que gastamos sin hacer ejercicio— hace el resto. Golpear el pie 600 a 1.000 veces, cruzar y descruzar las piernas 50 a 80 veces, pararse y sentarse 20 a 30 veces: 100 a 200 kcal más. Si la sala está a 25 o 26 °C y el jugador viste saco, la termogénesis y la sudoración aumentan. Un desvío de 1 a 2 °C respecto del confort puede sumar 50 a 80 kcal/h en regulación y pérdidas de líquido.

Cómo inciden horarios, organización y dinero en el balance calórico del jugador

El formato típico arranca 15:00 y termina 20:00 o 20:30. El control de tiempo 90+30 incrementa el apuro entre las 19:30 y las 20:15. Desayuno a las 8:00, preparación hasta 13:00, almuerzo rápido a las 13:30, y después no hay pausas largas. Entre primera y última caloría sólida pasan 6 a 8 horas. Quien no ingresa 200 a 300 kcal por hora de juego entra en déficit marcado al caer la tarde.

La organización también regula qué y cuándo comer. Algunas salas permiten sólo agua; otras admiten frutos secos y barritas sin ruidos. La cantina, si existe, abre 12:00–14:30 y 20:00–22:00. La renta pesa: el buffet del hotel puede costar 12 a 20 USD, inaccesible para jugadores con presupuesto ajustado. Muchos terminan con un sándwich de 400–500 kcal al mediodía y nada más hasta la cena de las 21:30.

La logística suma gasto y resta tiempos. Entre hotel y sede hay 1,5 a 2,5 km; ida y vuelta, 3 a 5 km que equivalen a 3.500 a 6.000 pasos, 120 a 200 kcal extra. Tras la partida llegan 60 a 90 minutos de análisis y 30 minutos para pedir comida. La cama aparece a las 0:10. Comer tarde rompe señales de hambre y saciedad. Resultado: déficit diario de 400 a 800 kcal y una balanza que baja 0,3 a 0,6 kg entre el día 1 y el 5.

El caso argentino: clima, mate, sedes y presupuestos locales

En Buenos Aires, verano de 32 °C y 60% de humedad, las salas suelen estabilizar entre 23 y 25 °C. Esa diferencia, más saco y barbijo ocasional, provoca pérdidas de 1 a 2% del peso en agua si no se repone 500 a 700 ml por hora de juego. Lucas, vecino de Almagro, arma su rutina con mate: 500 ml en la mañana, 180 a 220 mg de cafeína y diuresis adicional de 300 a 500 ml antes de sentarse a jugar.

Si no planifico, ceno a las 23:00 y me duermo 1:00. Al otro día peso 0,8 kg menos y no es saludable. La cabeza queda rápida, pero el cuerpo vacío.

En un abierto bonaerense de 2022, Lucas registró pesos diarios con una balanza digital de 100 g de precisión: −1,2 kg el día 3, −0,4 kg el 5, y −2,0 kg netos al final de 9 rondas. Contrató a una nutricionista deportiva por 3 semanas: 180.000 a 240.000 ARS, plan con 5 colaciones. No todos pueden pagarlo. La alternativa frecuente es yogur, banana y agua. Suma 250 a 350 kcal y 300 mg de sodio: insuficiente para 5 horas de estrés.

Los traslados internos también cuentan. Un maestro de Rosario viaja 302 km a CABA en micro: 5 horas sentado, 1 a 2 litros de agua, piernas hinchadas. Llega de noche, cena liviano y duerme 6 horas. Al debut, la balanza marca −0,6 kg. No perdió grasa: perdió agua y glucógeno por sueño, postura y viajes. Si la sede queda a 8 estaciones de subte, sumará 20 a 30 minutos de pie por tramo y otros 1.500 a 2.000 pasos diarios.

¿Puede un gran maestro sostener 10 rondas sin perder 3 kilos?

Con la inercia típica de torneo —poco sueño, horarios rígidos, café fuerte y pocas colaciones—, la respuesta suele ser no: la mayoría pierde entre 1 y 3 kg en 9 a 11 días. Con protocolo se puede limitar a 0,3 a 0,8 kg. El esquema combina calorías densas, sodio suficiente, monitoreo y descanso. No es glamoroso: implica comer a horas fijas, cargar botellas, cronometrar pausas y pagar pequeños costos que evitan un gran problema.

  • Previo a la ronda: 60–80 g de hidratos y 500–700 ml de bebida con 500–700 mg de sodio, 30–45 minutos antes.
  • Durante el juego: 150–250 kcal por hora (barrita + frutos secos) y 300–500 ml de líquido cada 60–75 minutos.
  • Cafeína: no más de 3 mg/kg entre 90 y 120 minutos antes del inicio; evitar recargas en el apuro.
  • Sala y vestimenta: capa ligera, objetivo 22–24 °C; toalla pequeña para manos; cambio de camisa tras 3 horas.
  • Monitoreo: pesar al despertar y antes de cenar; si hay −1,0% o más, añadir 1 litro con 1–1,5 g de sodio y 30–40 g de hidratos.

Aplicarlo no es gratis, pero tampoco prohibitivo. Un “kit de ronda” con 2 barritas (220 kcal c/u), 40 g de nueces (250 kcal), bebida isotónica casera (agua, 1 g de sal, 30 g de azúcar, jugo) y una banana cuesta 3.000 a 4.500 ARS por día. El tiempo de preparación ronda 10 a 15 minutos. Sumado en 10 días, son 30.000 a 45.000 ARS y 1,5 a 2,0 horas de organización para evitar perder 1,5 a 3,0 kg sin querer.

Punto clave Detalle Qué aporta al lector
Gasto extra por estrés +500 a 700 kcal/día en jornadas de 5–6 h (110–130 lpm en picos) Cuantifica por qué baja la balanza sin “hacer ejercicio”
Pérdida de agua y glucógeno 0,8–1,4 kg/día por diuresis, sudor y uso de glucógeno (1:3 con agua) Explica variaciones rápidas y cómo reponer líquido y sales
Organización del día 6–8 h sin comida sólida; colaciones limitadas por reglamento Muestra el rol de horarios y reglas en el déficit calórico
Estrategia práctica 60–80 g de hidratos pre, 150–250 kcal/hora durante, 500–700 ml/h de líquido Entrega un plan aplicable para no perder 1–3 kg en 9–11 días
Camila Torres

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Soy periodista y redactora en Diario22.ar, apasionada por las historias que conectan la actualidad con la gente. Me formé en comunicación social en Buenos Aires y desde entonces busco darle voz a lo cotidiano, con una mirada curiosa y humana. Creo que el periodismo no solo informa: también inspira y transforma.

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