EN IMÁGENES. Estas termas de la cordillera entre nieve y vapor son el refugio perfecto del invierno argentino

17 junio, 2026

EN IMÁGENES. Estas termas de la cordillera entre nieve y vapor son el refugio perfecto del invierno argentino

La cordillera argentina guarda, en pleno invierno, un secreto visible desde lejos: columnas de vapor que se elevan entre la nieve, como señales de un fuego antiguo bajo la tierra. En torno a esas fuentes termales, el aire corta como una navaja, pero el agua acaricia como un abrigo. Hay un placer primitivo en descalzarse, sentir la piedra caliente y mirar cómo las montañas respiran. “En estas piletas, el frío se vuelve amigo”, comenta una viajera con el gorro empapado de rocío.

Cordillera y quietud humeante

El primer impacto es sensorial: una mezcla de azufre suave, madera húmeda y viento que trae copos livianos. El cuerpo entra al agua y la piel agradece una temperatura que, sin sobresaltos, sube hasta lo profundo. A un costado, la nieve cruje y el mundo queda en silencio.

El efecto es tan visual como íntimo: la montaña blanca, la roca oscura, el hilo de río que humea, y esa calma que sólo conceden los valles cerrados. “Aquí el tiempo afloja”, dice un baqueano, mientras mira el vapor danzar sobre la pileta.

Dónde calienta la tierra

En Neuquén, los piletones rústicos y los brotes minerales conviven con glaciares cercanos y cañadones. Más al norte, la puna se abre y ofrece escalas termales sobre terrazas pétreas, con vistas de salares y volcanes. En Cuyo, los complejos combinan piletas infinitas y paredes de basalto, pensadas para zambullidas bajo niebla dorada.

  • Llehuel Calel/Lahuen Co, en el entorno del Lanín: aguas claras y bosques de coihues, con espíritu de refugio y acceso que exige paciencia invernal.
  • Fiambalá, Catamarca: terrazas escalonadas con un cielo seco, ideales para baños nocturnos y estrellas que parecen cercanas.
  • Cacheuta, Mendoza: circuito termal con contraste de agua tibia y aire frío de precordillera, a pasos de viñedos y alta montaña.
  • Pozones agrestes del norte neuquino: menos servicios, más silencio, piedras grises y pozas que huelen a tierra viva.
  • Puntos cordilleranos de Jujuy y Salta: vertientes menores pero de gran carácter, en paisajes que combinan quebradas y altura.

Rituales bajo cero

El baño no es un simple chapuzón: es una coreografía lenta de entrar, respirar, salir y volver a entrar. El contraste activa la circulación, despeja la cabeza y deja la musculatura liviana. Un mate caliente pasa de mano en mano, y el diálogo se hace más bajo.

Muchos repiten el mismo orden: pileta templada para aclimatar, pileta caliente para aflojar, una ducha fría o nieve en las muñecas para reactivar. “El secreto es escuchar al cuerpo y no forzar los tiempos”, aconseja un guía que conoce cada surgente por su olor y su sonido leve.

Consejos esenciales

Las aguas termales piden respeto sereno, tanto por la naturaleza como por el propio cuerpo. Un viaje bien planificado evita sorpresas gélidas y saca el mejor partido de cada pileta.

  • Consultar el estado de caminos y temporadas: algunas áreas cierran por nieve o exigen 4×4 y cadenas en jornadas de tormenta.
  • Hidratarse bien y evitar el alcohol: el calor puede provocar mareos en altura o cansancio rápido.
  • Limitar el tiempo en aguas muy calientes: sesiones cortas y pausas de aire, priorizando sensaciones claras.
  • Llevar calzado antideslizante, gorro y dos toallas: una para el vapor y otra para abrigarse al salir a la intemperie.
  • Si hay condiciones médicas, pedir consejo previo: cardiopatías, embarazo o hipertensión requieren aval profesional.
  • Respetar pozones naturales: no usar jabones, no dejar residuos, no mover piedras que contienen microhábitats frágiles.

Cómo llegar y cuándo ir

El corazón termal late de junio a septiembre, con accesos que dependen del clima y del relieve local. En valles cercanos a capitales provinciales, el arribo es más sencillo y la oferta de servicios crece de manera estable. En áreas remotas, la recompensa es un baño casi privado, pero exige horarios diurnos, equipo adecuado y margen para el regreso.

Las rutas principales conectan ciudades con pueblos de montaña, y desde allí un tramo final de ripio abre la puerta a pozones escondidos. Conviene viajar con combustible pleno, abrigo en capas y un plan B por si el clima decide cerrar el paso.

Un refugio que también es cultura

Bañarse en aguas calientes bajo copos no es sólo placer: es memoria de pueblos que aprendieron a leer la tierra. Cada surgente trae un relato de minerales, de volcanismo lento, de inviernos que afinan los sentidos y de fogones que mantienen la charla. Entre vapor y nieve, uno entiende por qué la montaña enseña paciencia y da a cambio una paz que dura, con suerte, hasta la próxima visita.

“Vengo cada temporada para recordar que el cuerpo es paisaje”, confiesa un habitué, sosteniendo el mate con manos rosadas. Y mientras el sol cae detrás de los filos nevados, el agua sigue respirando, tibia y viva, como un latido que acompasa el frío.

Camila Torres

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Soy periodista y redactora en Diario22.ar, apasionada por las historias que conectan la actualidad con la gente. Me formé en comunicación social en Buenos Aires y desde entonces busco darle voz a lo cotidiano, con una mirada curiosa y humana. Creo que el periodismo no solo informa: también inspira y transforma.

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