Son las 7.25 en Echesortu, Rosario. Daniel baja con la SUBE en el bolsillo y dos llaves en la mano. Mira el auto cubierto de polvo en el garaje angosto y vuelve a cerrar el portón. Tiene 67 años y una rutina pautada: verdulería a cinco cuadras, farmacia a tres, y el 112 en la esquina de Mendoza y Constitución. Enciende el celular, revisa el clima y piensa si alcanza para caminar ocho cuadras sin lluvia.
Dice que no le gusta complicarse. Durante años, el auto fue herramienta y orgullo. Antes lo cambiaba cada cinco años, casi como un reloj. Ahora, con la jubilación, ni lo saca salvo necesidad puntual. No fue una decisión impulsiva. Llegó con las cuentas sobre la mesa, línea por línea, cuando el seguro, la patente y la nafta empezaron a pisar fuerte su ingreso mensual fijo.
De manejar todos los días a dejarlo guardado: las cuentas del auto
Daniel manejó a diario hasta 2019. Hacía 12.000 kilómetros por año en promedio. Viajaba a San Lorenzo dos veces por semana y a Funes cada 15 días. Su historial lo cuenta claro: cambió un 2001 en 2006, otro en 2011 y el último en 2016. Ese hatchback 2016 tiene hoy 62.300 kilómetros. En 2025 apenas sumó 1.800. En 2026 va por 900 a mitad de año. “Ni lo saco” es literal: prende el motor 10 minutos cada 15 días para no sulfat ar la batería.
Los gastos lo empujaron a la decisión. El seguro contra terceros completos saltó de 7.800 pesos en 2019 a 58.000 en junio de 2026. La patente anual pasó de 210.000 en 2023 a 360.000 en 2026, en 6 cuotas bimestrales. El servicio de los 60.000 kilómetros le cotizaron 150.000, sin filtros especiales. Un juego de cuatro cubiertas ronda 600.000 pesos. La batería anterior, cambiada en 2024, costó 80.000 con instalación en una gomería de Ovidio Lagos al 2900.
La nafta cerró la ecuación. Su auto gasta 8,5 litros cada 100 kilómetros en ciudad. Con un litro que pagó 1.050 pesos en mayo, un trayecto de 10 kilómetros ida y vuelta sale cerca de 900 pesos en combustible. En una semana de cuatro salidas, son 3.600 pesos. En un mes, sin rutas, suma 14.400. Agregue lavado cada 30 días, 6.000 pesos, y estacionamientos eventuales, 2.500 por hora en el centro. Resultado: moverse es un lujo.
Daniel también miró el costo de oportunidad. En 2022 pagó 12.000 por mes una cochera a tres cuadras. En 2024 subió a 22.000 y rescindió. Si hoy volviera, gastaría arriba de 30.000. Cambiar aceite y filtro anual, aunque haga pocos kilómetros, le insumen 45.000. La VTV santafesina, cuando le toca, suma otros 18.000 y el traslado a la planta le roba una mañana. Todo eso para un auto que puede estar 20 días sin salir.
La lógica final fue simple. Si con el mismo trayecto gastaba 700 con colectivo y 900 con nafta, y encima asumía seguro, patente y mantenimiento, el balance era obvio. Siguió encendiendo el auto cada dos semanas, midiendo la batería con un tester barato de 7.000 pesos. Pero decidió que conducir a diario quedó atrás. Mantenerlo guardado es más barato que usarlo de costumbre. Y venderlo por ahora no lo convence, por valor afectivo y por precio de mercado.
La jubilación que no alcanza: ingresos, gastos fijos y prioridades
La jubilación de Daniel entra el día 25. En junio cobró 310.000 pesos netos, tras descuentos. Lo primero que separa es alquiler y servicios: luz 22.000, gas 15.000, agua 11.000, internet 12.000. Suma 60.000. Después anota medicamentos: hipertensión y colesterol, 35.000 con descuento. Alimentos básicos le llevan entre 110.000 y 130.000, según ofertas y feria de calle Lima los sábados. Ya va en 225.000 a 245.000 sin contar imprevistos.
La tarjeta de débito lo ayuda a no pasarse. Hace compras cada dos días y guarda los tickets en un sobre. En marzo tuvo que pagar 28.000 por una reparación del calefón. En abril, 19.000 por una consulta oftalmológica privada, porque el turno público llegaba en 60 días. Esos baches comen el resto. Cuando mira el renglón “auto”, el margen tiembla. Seguro 58.000, patente 60.000 bimestral, combustible 14.000 mensual si sale poco. La suma no entra con holgura.
Lo primero que resignó fue el uso habitual del auto. No dejó la salud ni los alimentos. Acotó los gustos: asado mensualmente, ya no semanal; café afuera dos veces por mes, no ocho. Pasó del remis al colectivo en turnos médicos, salvo lluvia fuerte. Se organizó con horarios para evitar trasbordos en horas pico. En mayo, el gasto en movilidad pública fue 9.800 pesos. Contra 22.000 de marzo, se nota. Ajustó recorridos y priorizó fraccionar compras para no cargar peso.
La comparación con 2018 es dura. Ese año, con changas de medio tiempo, completaba 25.000 pesos más y renovaba el auto cada cinco años sin sobresaltos. Hoy, con 310.000 fijos, cada rubro pelea el peso. Hizo una cuenta a lápiz: auto activo todo el mes le cuesta entre 120.000 y 160.000, entre seguro, combustible, estacionamientos y mantenimiento prorrateado. Es casi la mitad de la jubilación. Dejó de ser razonable. Guardarlo le ahorra mínimo 80.000 mensuales.
También juega el tiempo. Entre colas, vencimientos y turnos, cada trámite roba horas. Pagar patente online le llevó 40 minutos por caída del sistema. Ir a la VTV consumió 3 horas, entre ida y espera. Ese tiempo, dice, hoy lo usa para caminar y hacer mandados. No es romanticismo. Es organización. Si una tarea insume 120 minutos y cuesta 5.000 pesos, la piensa dos veces. El auto ya no le devuelve en tiempo lo que le saca en plata.
Cómo se mueve ahora en Rosario: colectivo, bici y caminatas
Daniel rediseñó su mapa. El 112 lo deja a 250 metros del policlínico de Italia y Pellegrini. El 101 circula cerca del Mercado del Patio y le sirve para compras cada 10 días. El boleto lo pagó 690 pesos la última semana. Tarda 25 a 30 minutos por tramo. Planifica salidas entre 9.30 y 11.00 para evitar amontonamiento. Si el bolso pesa, fragmenta: dos viajes de 4 kilos en lugar de uno de 8. Le resulta mejor para la espalda.
La bici volvió a escena. Tiene una rodado 28 de 2015 con portapaquetes. La pone a punto en una bicicletería de San Juan al 4100. Inflar y ajustar frenos le costó 4.000 en mayo. Hace 8 kilómetros en 40 minutos, a 12 km/h, por las ciclovías de Ovidio Lagos y Pellegrini. Evita la noche. Usa casco y luces de 1.200 lúmenes. Sabe que no reemplaza todo, pero resuelve trayectos de 15 a 20 cuadras sin gastar un peso.
Para viajes puntuales, recurre al remis. Dos veces por mes, cuando vuelve tarde de visitar a un amigo en Azcuénaga, paga 4.500 a 5.500, según horario. En días de lluvia intensa, si tiene turno médico a primera hora, lo pide sin vueltas. Lo presupuestó como “excepción necesaria”. En los últimos 90 días, hizo 6 viajes pagos. Es menos que los 12 de un semestre promedio de 2022. La regla es caminar, salvo clima o peso que lo superen.
Apagué el motor para cuidar la jubilación y descubrí que Rosario se camina en 20 o 30 cuadras.
La rutina nueva tiene otra ventaja: menos estrés de estacionamiento. En el centro, una hora puede costar 2.500 y un error, una multa de 20.000. La cuadra de Sarmiento y San Luis vive llena desde las 10.00. Daniel evita ese gasto y esa espera. Se mueve con mochila de 18 litros, bastón plegable para rodilla derecha en días fríos, y botellita de 500 ml. Calcula 6.000 a 8.000 pasos diarios. Lo mide con una app gratuita que no consume datos.
¿Cuándo volvería a sacar el auto con regularidad?
Daniel no descarta volver a usar el auto más seguido, pero pone condiciones numéricas. La primera: que el costo total mensual baje a menos del 20% de su haber. Hoy está en 35% si lo usa tres veces por semana. La segunda: que el seguro no supere 40.000 y la nafta sea estable por 6 meses. La tercera: que consiga cocheras por debajo de 20.000 a cuatro cuadras. Si dos de esas tres se cumplen, lo piensa seriamente.
Mientras tanto, lo mantiene al día para no perder valor. Arranca el motor 10 minutos cada 15 días. Lo mueve adelante y atrás para que los neumáticos no deformen. Cambia aceite cada 12 meses o 5.000 kilómetros, lo que llegue primero. Lava cada 45 días con balde para no gastar 6.000 en lavadero. Lleva registro con fecha y gasto en un cuaderno. En 2026, ya anotó 8 movimientos mecánicos y tres compras menores por 27.000 en total.
- Seguro automotor junio 2026: 58.000 pesos por terceros completos en Rosario para vehículo 2016.
- Patente Santa Fe 2026: 360.000 pesos anuales, en 6 cuotas bimestrales de 60.000.
- Boleto urbano Rosario: 690 pesos pagados con SUBE la última semana de mayo.
- Remis nocturno barrio Echesortu–Azcuénaga: entre 4.500 y 5.500 según día y horario.
- Servicio de 60.000 km cotizado: 150.000 pesos, sin piezas mayores, en taller de barrio.
También pesa la salud. Tiene control trimestral de hipertensión. En días de mucho calor, prefiere esperar el colectivo que manejar con aire a 3, que consume más nafta y exige estacionamiento a la sombra. Si llueve tres días seguidos, el auto sale para no perder un turno. Entre marzo y mayo lo usó 7 veces por esa razón. Es un uso táctico, no cotidiano. Y anota ese gasto como “excepción”, no como regla mensual.
No es capricho: si muevo el auto seguido, a fin de mes me quedan menos de 25.000 pesos.
El tiempo también define. Ir y volver al centro en hora pico le llevó 90 minutos con auto y 70 con colectivo, según su anotador. Con el auto, sumó 25 en buscar lugar y 10 en parquímetro. Con el colectivo, 12 de espera y 15 de caminata. La diferencia de 20 minutos no compensa 2.500 de estacionamiento y 900 de nafta. Si esa ecuación cambia, volverá. Hasta entonces, la prioridad es no desfinanciar los rubros que no puede recortar.
| Punto clave | Detalle | Qué aporta al lector |
|---|---|---|
| Primera renuncia | Dejó de usar el auto de forma habitual para cuidar la jubilación | Ilustra una decisión concreta y su impacto presupuestario |
| Números del auto | Seguro 58.000, patente 360.000 anuales, nafta 1.050 por litro | Permite comparar costos fijos y variables reales |
| Alternativas de movilidad | Colectivo 690, bici 8 km en 40 minutos, remis 4.500-5.500 | Ofrece opciones medibles para reorganizar rutinas |
| Condiciones de retorno | Que el costo del auto baje al 20% del haber y el seguro a 40.000 | Brinda un criterio práctico para decidir cuándo volver a manejar |