A los 90 años dice que su mejor decisión fue empezar a viajar tarde: «No esperen como yo»

9 julio, 2026

A los 90 años dice que su mejor decisión fue empezar a viajar tarde: «No esperen como yo»

Tenía noventa y una risa que hacía ruido, como si el tiempo hubiera aprendido a bailar. Hablaba con una calma luminosa, la de quien ha hecho las paces con los errores. Contaba que no fue valiente pronto, sino cuando creyó que ya era tarde. “No me arrepiento de mis años, me arrepiento de mis pretextos”, decía con una mirada clara.

H2 Una vida aplazada
De joven cuidó a sus hermanos, después cuidó a sus hijos, y por décadas cuidó de su miedo. Los pasaportes dormían en el cajón, sellados por la rutina infinita y por la voz austera del ahorro. Creyó que viajar era para otros, para los de calendario flexible y cuentas muy anchas. “No me faltaban ganas, me faltaba permiso propio”, confesó con una sonrisa dulce.

H2 El primer salto
El primer sello llegó a los setenta, con un vuelo barato y el corazón temblón. Viajó sola a una ciudad donde no conocía ni al panadero, y pidió café apuntando con el dedo. “Me latían las rodillas, pero me latían vivas”, recuerda aún con un brillo terco.

H2 El reloj cambia de ritmo
Desde entonces, el tiempo dejó de ser una escoba que barre días y se volvió un cuaderno. Cada calle tuvo un nombre y cada esquina un olor nuevo. Aprendió a perderse sin el mapa de la perfección, ganando mapas de gente y de gestos. “Viajar no me dio más años, me dio años más anchos”, comenta con ironía tierna.

H2 Consejos que aprendió en la ruta
No predica certezas, comparte intuiciones útiles, pequeñas brújulas de bolsillo invisible.

  • Empieza cerca y viaja ligera: el asombro no pesa y cabe en una mochila.
  • Gasta en lo que se recuerda, no en lo que luce mejor en la foto.
  • Haz pausas lentas: los mejores paisajes caminan a tu ritmo.

No es una guía infalible, es una lista de heridas curadas y de torpezas que se vuelven risa. “A mi edad aprendí que la prisa es un mal huésped y que el miedo, si lo invitas a café, se vuelve más educado”.

H2 Más allá del turismo
Lo que más la cambió no fueron los monumentos, sino las mesas compartidas con desconocidos. Comer sopa en una cocina alquilada y hablar con manos y ojos. Escuchar que la palabra “hogar” tiene acentos que también saben a canela. Descubrir que la hospitalidad es un idioma sin gramática, pero con reglas muy claras.

H2 Viajar con 80 y con 20
“Con veinte llevaba espejos, con ochenta llevo ventanas”, suelta mientras dobla un mapa. Antes coleccionaba pruebas de su valor; ahora colecciona pruebas de su asombro. Dice que la edad no impide el rumbo, impide la excusa de no preguntar lo obvio. Saber pedir ayuda es una llave más firme que cualquier candado de orgullo.

H2 Los miedos que se encogen
Antes temía al aeropuerto, ahora teme más a los días idénticos y al silencio. Descubrió que la seguridad total era una jaula blanda, muy cómoda y muy triste. Comprendió que equivocarse en otro idioma también es

Camila Torres

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Soy periodista y redactora en Diario22.ar, apasionada por las historias que conectan la actualidad con la gente. Me formé en comunicación social en Buenos Aires y desde entonces busco darle voz a lo cotidiano, con una mirada curiosa y humana. Creo que el periodismo no solo informa: también inspira y transforma.

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