Son las 7.10 en Susques. El frío corta a -6 °C y el viento todavía no levanta polvo. Ariel Montaño, 38, ajusta la tapa del termo y mira el altímetro del celular: 3.675 metros. Carga nafta en el único surtidor que abre a esa hora, revisa las cubiertas a 32 psi y acomoda una bolsa con hojas de coca. “Hoy vamos hasta el borde, pero sin apuros”, dice. Faltan menos de 100 kilómetros hasta la meseta que viene mirando en el mapa desde 2021.
A las 8.05 sale hacia el oeste por la RN 52. Sabe que la mitad del plan es logística y la otra mitad, altura. Trae dos bidones de 10 litros, un botiquín con ibuprofeno y una manta. A los 4.100 metros, el aire pide paciencia. “En Jujuy hay un salar al que llegás en auto por encima de los 4.000, y casi nadie lo pisa”, cuenta, sin romanticismo. No va a cruzar a Chile. Su meta es tocar la orilla blanca y volver entero.
Dónde queda y por qué pocos van hasta el borde
El salar está en el extremo oeste de Jujuy, a la vera de la RN 52, en el tramo final hacia el Paso de Jama. No es Salinas Grandes, que queda a 3.450 metros y está lleno de visitas guiadas. Aquí la altura supera los 4.100 metros en varios puntos de la planicie. Desde Purmamarca son entre 220 y 240 kilómetros según el desvío. La mayoría sigue hasta la frontera o se queda en Susques; casi nadie baja a la orilla.
La explicación es prosaica. No hay puestos de artesanos, ni baños, ni pasarelas. Tampoco carteles grandes: apenas huellas de ripio que se desprenden de la ruta en abanico. Es zona de control fronterizo, con Gendarmería en el camino y, más adelante, Aduana a menos de 5 kilómetros del límite internacional. Las señales recomiendan no desviarse hacia las salitreras internas ni a campamentos mineros. La escasa señal de celular refuerza la prudencia.
Además, la percepción de “ya vi un salar” juega en contra. El visitante medio se conforma con Salinas Grandes y su foto en la balsa de agua turquesa. Aquí no hay esa postal armada. Hay horizonte, silencio y ráfagas de 50 a 70 km/h desde el mediodía. Para muchos, el costo de subir 700 metros extra desde Susques no compensa si no hay servicio. Para otros, ese vacío es justamente el atractivo.
“Si no calculás bien el tiempo, te come el viento y te gana la altura. Acá la foto sale en 5 minutos, pero el cuerpo tarda 2 horas en entender dónde está”.
El borde accesible sin permiso especial está entre 10 y 25 kilómetros antes del Paso de Jama. La banquina es de asfalto y ripio, y de allí parten dos o tres brazos laterales con 1 a 3 kilómetros de tierra firme hasta la costra salina. En época seca (mayo-septiembre) el piso se endurece. En verano, las lluvias de enero y febrero hacen barro y ciénaga: entrar puede ser una mala idea.
Cómo llegar en auto y en qué estado está la ruta
El recorrido más usado arranca en Purmamarca (2.192 m). Son 24 kilómetros de trepada por la Cuesta de Lipán hasta el Abra de Potrerillos, que marca 4.170 metros en su punto más alto. Luego la ruta baja a las Salinas Grandes (3.450 m) y sigue llana hasta Susques (3.675 m). Desde allí restan entre 85 y 95 kilómetros de asfalto de alta montaña hasta las cercanías del salar, ya por encima de los 4.000 metros.
La RN 52 está pavimentada y en buen estado en el 99% del trayecto. Tiene banquinas firmes, demarcación y calzada ancha. El mayor cuidado es el viento lateral y la posible presencia de vicuñas, burros y llamas. En invierno aparecen bancos de hielo a la sombra antes de las 10.00. No hay peajes ni estaciones de servicio intermedias entre Purmamarca y Susques, y entre Susques y Jama. El último combustible confirmado está en Susques.
Para llegar al borde, se usan desvíos breves de ripio visibles a simple vista. No hay que inventar huellas ni buscar líneas rectas hacia el blanco: la costra engaña. Con un sedán alto o un crossover basta. La 4×4 es útil si el terreno está húmedo. Se avanza en primera o segunda, sin tironear, hasta donde el piso se siente sólido. Es clave evitar charcos y orillas “acolchadas”, que hunden la rueda a los 10 o 20 centímetros.
Un plan realista desde Purmamarca toma 3 horas 30 minutos a 4 horas hasta la orilla, con breves paradas para fotos. Salir a las 7.00 permite estar a las 11.00 ya en el borde, antes del pico de viento de las 13.00. Si se duerme en Susques, el tramo final insume 1 hora 20 minutos con calma. La vuelta por la misma RN 52 agrega el mismo tiempo. Manejar de noche no es recomendable por la fauna y el hielo.
Altura, clima y tiempos: plan realista para no perder el día
La altura es el factor que define el éxito. A 4.100 metros el aire tiene alrededor de 40% menos oxígeno efectivo que al nivel del mar. Eso significa menos potencia del motor y, sobre todo, del cuerpo. Para quien viene directo desde los 1.200 metros o menos, conviene un esquema de 24 horas de aclimatación: dormir en Purmamarca (2.192 m) o Susques (3.675 m) reduce la probabilidad de dolor de cabeza y fatiga súbita.
El clima es seco y de extremos. En junio y julio las mínimas bajan a -10 °C al amanecer y las máximas alcanzan 10 a 14 °C al sol. En octubre y noviembre son más benevolentes, con 0 °C a la mañana y 18 °C por la tarde. Enero y febrero concentran tormentas de tarde, con descargas eléctricas y lluvias que anegan la costra. El viento sopla fuerte entre las 12.00 y las 17.00, con ráfagas de 60 km/h que obligan a acortar la visita.
Hidratarse desde el día previo ayuda: 2 a 3 litros de agua repartidos mejoran el malestar leve. Masticar coca o tomar té de coca colabora con algunos, pero no reemplaza el descanso. Evitar alcohol y comidas pesadas la noche anterior reduce el riesgo de náuseas. Un paso de marcha lenta —caminar 200 metros y frenar 2 minutos— rinde más que hacer trechos largos. Sentir palpitaciones aceleradas o mareo obliga a bajar 200 o 300 metros.
“Me pasó de confiarme: paré el motor, caminé 5 minutos y me empezó a zumbar la cabeza. Volví al auto, tomé agua, esperé 15 y seguí bien. Acá todo es más lento”.
La organización también es tiempo. Entre fotos, termos, abrigo y guantes, un grupo de 4 personas tarda 10 minutos en estar listo al bajar del auto. Otro tanto para volver a cargar. Los cambios de luz son rápidos: a 4.100 metros y con atmósfera fina, las sombras se mueven en minutos. Vale más planear una sola bajada de 25 a 35 minutos que cuatro de 5 minutos cada una. El cuerpo lo agradece y el conductor mantiene foco.
- Distancias clave: Purmamarca–Susques 126 km; Susques–borde del salar 85-95 km; borde–Paso de Jama 10-25 km.
- Tiempos reales: 3 h 30 min a 4 h desde Purmamarca; 1 h 20 min desde Susques; regreso igual.
- Alturas: Abra de Potrerillos 4.170 m; orilla del salar >4.100 m; Salinas Grandes 3.450 m.
- Consumo orientativo: auto naftero 1.6 gasta 8-10 L/100 km; tramo total ida y vuelta 260-300 km.
- Clima: -10 °C a 14 °C en invierno; viento 40-70 km/h desde el mediodía; lluvias enero-febrero.
¿Vale la pena manejar hasta el borde del salar a más de 4.000 m?
La comparación inevitable es con Salinas Grandes. Allí el acceso es directo, hay baños, paseos y fotos “clásicas”. Aquí no. Lo que ofrece el salar alto es justamente otra escala: vacío, silencio y un horizonte que a 4.100 metros parece más cercano. No hay fila para entrar ni artesanías. Hay un borde que se gana con organización básica: mirar el pronóstico, cargar combustible en Susques, y aceptar que 35 minutos a pie valen más que 5 selfies.
Desde lo práctico, tiene sentido para quien ya hizo la Quebrada y busca una salida de medio día distinta, sin sumar fronteras ni trámites. No hay peajes, no hay tickets, y la huella es corta. El límite está claro: no es un circuito para improvisar. Si el suelo está húmedo, si el viento sopla arriba de 60 km/h, o si alguien del grupo se marea a los 3.800 metros, la respuesta es no. El salar va a seguir allí mañana, a 4.100 metros, sin cambios.
Costos y permisos cierran la ecuación. El combustible, calculado para 300 kilómetros ida y vuelta desde Purmamarca, ronda 24 a 30 litros en un sedán 1.6. El hospedaje en Susques, básico, cuesta entre 25 y 40 dólares la noche por persona, según temporada. No hay tickets de ingreso ni puestos de control pagos. Sí hay controles de Gendarmería y, más cerca de Jama, de Aduana. Para drones y filmaciones comerciales se requiere autorización previa: evitar problemas ahorra horas.
La seguridad depende de respetar lo simple: no avanzar sobre sal con brillo húmedo, no cortar camino hacia planicies internas, no seguir huellas que se meten sin lógica hacia el blanco. La costra resiste hasta cierto peso, pero cede a los 100 o 200 metros si debajo hay barro. Quedarse encajado implica esperar una grúa desde Susques, con demoras de 2 a 6 horas y costos difíciles de prever. Avisar a un tercero la hora de regreso es sentido común de altura.
El celular funciona a tramos. Hay señal esporádica de 4G en segmentos de la RN 52, mejorando en lomas y perdiéndose en bajos. Un SMS suele entrar mejor que una llamada. Un GPS offline con mapas de 50 a 100 MB descargados antes de salir hace la diferencia cuando la nube tapa la ruta. Un pulso oxímetro barato —15 a 20 dólares— permite monitorear saturación: si baja de 85% con mareo, es hora de descender 200 o 300 metros.
Horarios y luz completan el cuadro. En invierno, el sol cae entre 18.30 y 19.00; en verano, entre 20.00 y 20.30. El tramo Susques–borde conviene hacerlo entre 9.30 y 11.00 para evitar hielo y viento. La vuelta ideal arranca antes de las 14.00. Parar cada 40 minutos 5 minutos oxigena el grupo y baja la fatiga del conductor. Llevar dos termos de 1 litro y 4 capas (remera térmica, polar, campera de abrigo y rompevientos) evita perder tiempo buscando abrigo.
Un punto poco contado: frenar el motor 15 o 20 minutos antes de los 4.100 metros conlleva el riesgo de que cueste arrancar por el frío. Mejor mantenerlo en ralentí suave si la detención es corta, o apagarlo sabiendo que una batería justa puede fallar. Llevar cables de arranque suma 600 gramos y ahorra un dolor de cabeza. Una mancha de humedad bajo el auto al volver es normal: la diferencia térmica condensa y chorrea.
¿Cuándo no ir? Si llovió el día anterior en Susques o se avisa inestabilidad en altura, si hay alerta de viento Zonda en la Puna, o si el grupo incluye chicos pequeños o personas con antecedentes cardíacos sin alta médica. La altura no perdona desprolijidades. Un itinerario alternativo en esos casos es hacer Salinas Grandes (3.450 m) y volver por la misma RN 52, sumando miradores seguros en la Cuesta de Lipán y almuerzo temprano en Purmamarca.
En síntesis operativa, el salar alto de Jujuy es un objetivo posible y distinto. Se alcanza en auto, sin peajes ni guías, con 3 a 4 horas de manejo y 35 minutos de caminata calma. La recompensa es un borde blanco a 4.100 metros que no aparece en folletos. Lo que lo mantiene vacío no es un secreto: son la altura, el viento, la ausencia de infraestructura y la lógica de una ruta de frontera. A quien se organiza, le abre una ventana breve y nítida.
| Punto clave | Detalle | Qué aporta al lector |
|---|---|---|
| Ubicación y acceso | RN 52, 10-25 km antes del Paso de Jama; desvíos de ripio de 1-3 km | Permite planear la llegada sin perder tiempo ni tomar riesgos innecesarios |
| Altura y clima | Orilla >4.100 m; -10 a 14 °C; viento 40-70 km/h; lluvias jan-feb | Define ventana horaria y equipamiento para una visita segura |
| Logística mínima | Combustible en Susques; 24-30 litros para 260-300 km; sin peajes | Ayuda a calcular costos y autonomía sin sorpresas |
| Salud y seguridad | Aclimatación 24 h; caminata corta; no entrar en costra húmeda | Reduce riesgos de soroche y de encajarse en el salar |