Menos conocido que el Chaltén y más accesible que Ushuaia: este cerro del Sur gana adeptos cada año

11 julio, 2026

Menos conocido que el Chaltén y más accesible que Ushuaia: este cerro del Sur gana adeptos cada año

Hay un cerro que, entre los valles verdes y los glaciares del Sur, suma curiosos cada temporada. Queda en la órbita de Bariloche, acaricia los bosques de El Bolsón y ofrece una mezcla de accesibilidad y carácter andino que se vuelve adictiva. Mientras los flashes apuntan a los picos del Fitz Roy y los cruceros ascienden hacia Tierra del Fuego, aquí se respira una calma más cercana: senderos claros, refugio cálido, arte al aire libre y un balcón inmenso sobre la estepa patagónica.

La montaña se llama Cerro Piltriquitrón, y su nombre —difícil, musical, mapuche— ya invita a la curiosidad. No presume de altísimos desniveles ni de exigencias técnicas extremas, pero sí de vistas abiertas, cielos limpios y una cultural local vibrante que acompaña el paso del caminante con mate, madera y viento.

Dónde queda y por qué sorprende

El Piltriquitrón vigila El Bolsón, en la provincia de Río Negro. Desde Bariloche son dos horas por la mítica Ruta 40, entre lagos, chacras y lúpulo enredado. Su cumbre ronda los 2.200 metros, pero el encanto empieza mucho antes: miradores que asoman al valle, a Lago Puelo y a cordones con nieve eterna.

La montaña ofrece un mix poco común: un sendero bien señalizado, un refugio con alma y la posibilidad de despegar en parapente cuando el viento baila a favor. En invierno, la nevada pinta de blanco los filos; en verano, los coihues regalan sombra y el sol alarga la tarde.

Un sendero con arte

El acceso clásico parte de la “Plataforma”, un estacionamiento de ripio donde los pinos sueltan aromas. Desde allí, en menos de dos horas, se llega al Bosque Tallado, un museo a cielo abierto que nació tras un incendio y se transformó en un taller de resistencia colectiva. Troncos ennegrecidos devienen en rostros, animales, manos y mitos.

Un poco más arriba espera el Refugio Piltriquitrón, con sopa humeante, tortas caseras y charla de montaña. Su terraza es un palco: nubes que corren, cóndores que dibujan círculos, la luz que cae oblicua sobre chacras y ríos. De allí a la cumbre, el terreno se vuelve más pedregoso, con señales espartanas y un viento que puede ser tan juguetón como brusco.

Cómo llegar y cuándo ir

Lo práctico suma puntos: se puede llegar en auto común por camino de ripio firme, o en remis desde el centro de El Bolsón. No hay peajes alpinos ni trámites complejos; solo un aporte mínimo para el Bosque Tallado y sentido común. Entre octubre y abril el sendero florece, aunque mayo y septiembre regalan silencio y colores profundos.

Quienes suban en invierno deberían sumar abrigo serio, polainas y quizá raquetas o crampones según nieve. El agua se consigue en el refugio y en arroyos, pero conviene llevar filtro y reservar una botella extra. Señal de celular hay a ratos; la meteorología cambia de forma caprichosa, así que mirar el pronóstico dos veces nunca sobra.

Voces del cerro

“Este es un cerro que te abraza sin apuro: empezás con arte, seguís con bosque, y terminás con horizonte grande”, dice Marina, guía local que conoce cada recodo y cada piedra.

Emiliano, visitante de Rosario, resume la experiencia con sonrisa ancha: “Subí por el bosque, me quedé a dormir en el refugio y al amanecer el valle parecía un mar de nubes. No tenía idea de que un lugar tan simple podía ser tan potente”.

Consejos rápidos

  • Llevar abrigo por capas, gorro y guantes todo el año, además de protector solar y lentes con filtro. Calzado de trekking y bastones suman estabilidad en la parte superior. Comida energética y agua con filtro o pastillas de purificación. Respetar las esculturas del Bosque Tallado, no treparse ni dejar basura, y registrarse si hay cuaderno de ingreso. Si se hace cumbre, evitar crestas con hielo sin equipo y chequear el regreso con luz natural.

Algo más que la cumbre

El Piltri —como lo llaman los vecinos— invita a quedarse más tiempo. Al atardecer, la ladera se enciende en naranjas y rosas que hacen olvidar la hora. De noche, la vía láctea cae casi a la altura de las manos, y el frío trae un silencio que parece antiguo. En días de buen viento, los parapentes despegan desde el balcón y colorean el cielo.

Abajo, El Bolsón suma cervecerías, ferias artesanales y río azul para refrescar piernas. Arriba, el refugio guarda el calor del fuego y alguna guitarra que aparece cuando las nubes se abren. No hay prisa: el ritmo del cerro es el de las piedras y el de la madera que, aun tallada, sigue viva.

Cuidar lo que amamos

La montaña se disfruta mejor cuando se la pisa suave. Llevar de vuelta todo lo que se trae, mantenerse en el sendero y apagar cualquier chispa antes de irse es parte del trato ético. El Piltriquitrón está creciendo en popularidad, y ese crecimiento necesita miradas responsables: menos ruido, más respeto, y la certeza de que lo extraordinario también puede ser cercano.

Quizá esa sea su verdadera gracia: un lugar lo bastante accesible para una escapada de fin de semana, y lo suficientemente amplio como para que, al volver, uno sienta que dejó allá arriba una versión más liviana de sí mismo. Y que, en la próxima visita, el cerro la devuelva con un poco más de horizonte.

Camila Torres

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Soy periodista y redactora en Diario22.ar, apasionada por las historias que conectan la actualidad con la gente. Me formé en comunicación social en Buenos Aires y desde entonces busco darle voz a lo cotidiano, con una mirada curiosa y humana. Creo que el periodismo no solo informa: también inspira y transforma.

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