Esta laguna de Córdoba fue elegida la mejor para acampar sin pagar entrada

27 junio, 2026

Esta laguna de Córdoba fue elegida la mejor para acampar sin pagar entrada

Hay lugares que se eligen solos. En el noreste cordobés, un espejo de agua inmenso y salino viene ganando corazones viajeros. La laguna Mar Chiquita —también conocida como Mar de Ansenuza— acaba de ser señalada por comunidades de campistas como el rincón más amable para armar carpa sin pagar entrada, con una mezcla de naturaleza desbordante y logística sencilla que invita a quedarse más de lo previsto.

“Llegué por dos días y me quedé una semana”, cuenta una viajera con una sonrisa salada, de esas que deja el viento del noreste en la piel. Otro campista resume: “Hay espacio, hay silencio, y hay esa sensación de estar lejos sin irse tan lejos”.

Por qué deslumbra este espejo salado

Lo primero que sorprende es su escala marina, un horizonte que parece no acabar. La sal convierte el agua en una experiencia flotante y plateada; la luz rebota con un efecto casi hipnótico. A su alrededor, humedales y bañados sostienen tres especies de flamencos, junto a decenas de aves migratorias que llegan a alimentarse y criar. Al atardecer, el cielo se tiñe de rosas y naranjas, mientras la línea del agua queda quieta como una promesa.

Dónde está y cómo llegar sin perderse

El acceso más cómodo es por las localidades de Miramar, La Para, Marull o Balnearia, todas en el noreste de la provincia de Córdoba. Desde la capital, la ruta 19 y los desvíos señalizados llevan en unas tres o cuatro horas, con camino en buen estado y estaciones de servicio intermedias. Conviene cargar combustible y agua antes del último tramo, porque la infraestructura se vuelve más dispersa a medida que se acerca la laguna.

Qué hacer además de contemplar

El plan favorito es mirar el cielo y escuchar el viento, pero hay más. Caminatas suaves por la costa, observación de aves con binoculares simples, y sesiones fotográficas al amanecer que regalan una luz casi cinematográfica. En días calmos, un paseo en kayak permite entender la textura del agua salina y jugar con la flotabilidad. De noche, el brillo de las estrellas sorprende: lejos de grandes ciudades, la bóveda se vuelve densa y nítida.

Acampar sin pagar: qué significa en la práctica

La gran noticia es que el acceso a la orilla, en sectores públicos y municipales, no tiene arancel. Hay zonas amplias donde se puede armar carpa sin entrada, siempre respetando la señalización, evitando áreas privadas y cumpliendo normas de conservación. En localidades ribereñas existen campings con servicios (que sí cobran), pero también sectores libres y gratuitos habilitados por cada municipio. Antes de montar base, es clave consultar en la oficina de turismo local o con guardas de la reserva sobre los puntos permitidos en la fecha de tu visita.

“Lo lindo es que no te cierran la puerta: te piden respeto y te dan un lugar”, dice un vecino que presta sombra con su arboleda a viajeros desorientados.

Mejor época y clima para disfrutar

La primavera y el otoño ofrecen días templados y brisas suaves. En verano, el calor puede ser intenso, con tardes de viento norte que levantan pequeñas olas y exigen buena hidratación. En invierno, los amaneceres son fríos, pero la atmósfera se vuelve más transparente y las aves se dejan ver con mayor calma. Tras lluvias, algunos caminos de tierra quedan barrosos, por lo que conviene chequear el estado vial antes de salir.

Impacto mínimo: la regla de oro

El entorno es frágil y merece una visita de huella ligera. No hay que hacer fuego en el suelo ni cortar leña; si encendés hornillo, que sea en zona segura y con cortaviento propio. Llevarse toda la basura es innegociable, igual que evitar música a alto volumen para no interferir con la fauna local. El agua de la laguna no es potable; se recomienda traer suficiente para beber y cocinar.

Consejos prácticos que marcan la diferencia

  • Estacas largas y resistentes: el suelo puede ser salitroso o blando, y los vientos nocturnos agradecen anclajes firmes.

Además, una manta contra el salitre, gorra de ala ancha y anteojos con filtro UV ayudan a disfrutar sin sobresaltos. Un repelente confiable y ropa de manga larga sirven para las horas húmedas, cuando los mosquitos hacen su ronda. Si vas en kayak, enjuagá equipo y chaleco con agua dulce para prolongar su vida útil. Y no subestimes la geografía: la costa parece cercana, pero las distancias son trampa bajo ese horizonte interminable.

Pequeñas bases, grandes momentos

Miramar concentra más servicios y es buen punto de aprovisionamiento; La Para y Marull ofrecen ambientes más tranquilos, con accesos a orillas amplias y silenciosas. Cada pueblo tiene su pulso: panaderías de madrugada, ferias de fin de semana, y relatos de pescadores que conocen el viento como si fuera un vecino. “Acá el tiempo se estira”, comenta un anfitrión, mientras señala el camino a una playa sin nadie a la vista.

Al final, lo que enamora no es solo la gratuidad del ingreso, sino la sensación de hospitalidad natural: un paisaje que invita a quedarse, un cielo que parece nuevo cada tarde, y una comunidad que aún cree que compartir la costa es parte de la experiencia. Si buscabas un sitio para acampar con libertad, paisaje inmenso y respeto mutuo, este rincón cordobés ya te está esperando.

Camila Torres

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Soy periodista y redactora en Diario22.ar, apasionada por las historias que conectan la actualidad con la gente. Me formé en comunicación social en Buenos Aires y desde entonces busco darle voz a lo cotidiano, con una mirada curiosa y humana. Creo que el periodismo no solo informa: también inspira y transforma.

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