Son las 7:32, el cielo está nublado y el tránsito fluye rápido en Avenida del Libertador, a la altura de Núñez. Luciano Méndez, 38, reparte insumos de oficina en una Kangoo blanca. Cambia a tercera, suelta el acelerador al ver el semáforo ponerse amarillento y mira el velocímetro: 57 km/h en un tramo señalizado a 50. No ve cabinas naranjas, ni trípodes, ni patrullas. Solo un brazo de luminaria nuevo, gris. Piensa que pasó. Dos días después, a las 9:11, le llega un mail con el acta, la foto y el exceso medido.
El dispositivo está activo desde la semana pasada, tras un mes de pruebas silenciosas en el corredor norte del AMBA. Mide velocidad en carriles múltiples, de día y de noche, sin flash visible. En las primeras 72 horas, según los partes consultados, ya había miles de infracciones cargadas. Las multas, a valores de 2026, van de $52.000 a $320.000 según el exceso y antecedentes. El objetivo oficial declarado es bajar choques en cruces críticos. Para los automovilistas, la sensación es otra: sin señalización “amigable” ni cajas a la vista, muchos no entendieron que el control ya estaba operando.
El relato de Luciano: cómo terminó con la multa en el mail
Luciano trabaja hace 12 años en reparto y hace al menos 120 kilómetros por día entre City Bell y CABA. Dice que conoce “todas” las cámaras. Ese lunes, salió a las 6:40, cargó en Dock Sud y subió por Lugones. Venía atento a los 60 km/h de la traza y bajó a 50 al entrar en Libertador. El aviso del navegador no sonó y no había móvil visible. El acta llegó el miércoles, 36 horas después, con la medición: 62 km/h permitidos 50, margen aplicado 3 km/h, velocidad infractora 59.
El mail incluía el link para pagar con descuento del 50% en 10 días corridos y la opción de descargo online. El texto citaba la ordenanza local y un certificado de verificación metrológica con fecha abril 2026. En la foto, no se veía una cabina, sino un mástil de alumbrado con una caja del tamaño de un libro. “Antes te cuidabas donde veías la casilla o el trípode. Acá no hay nada”, cuenta mientras muestra el teléfono y el número de acta 01456-2026.
“No me molestaría pagar si estaba bien señalizado. El tema es que no sabías que ya estaba multando. En dos días, medio depósito de nafta se me fue en la multa.”
Consultó con dos colegas del grupo de WhatsApp. Uno recibió dos actas el mismo día, a las 7:28 y 7:46, separadas por 18 minutos, en el mismo corredor. La velocidad era 64 y 67 km/h. Pagó una con 50% y apelará la otra por “continuidad de trayecto”, un argumento que a veces prospera si se demuestra que no hubo oportunidad material de modificación de conducta entre capturas. Luciano, en cambio, decidió pagar con descuento antes del viernes para no duplicar el monto.
Cómo funciona el equipo y por qué casi no se ve
Se trata de un cinemómetro fijo con antena Doppler en banda K y cámara integrada sin flash visible. La caja es pequeña, de 20 por 15 centímetros, montada a 5,2 metros en un poste de alumbrado LED. Capta hasta 3 carriles y discrimina vía software la velocidad por carril, con precisión de ±2 km/h entre 30 y 120 km/h. Opera 24/7, con iluminación infrarroja para lectura de patentes a distancias de 18 a 25 metros. No necesita caseta ni operador en sitio.
La “invisibilidad” se explica por tres factores operativos. Primero, el hardware se mimetiza con mobiliario urbano: caja gris, sin logotipos y sin cúpulas. Segundo, la cámara trabaja con IR, de modo que no hay destello nocturno que alerte al conductor. Tercero, la señalización previa fue sobria: carteles de máximo y pictograma de control, sin el letrero tradicional de “Control de velocidad” en tamaño grande. Legalmente, eso basta si el equipo figura en el registro y el cartel respeta distancias.
El fabricante entrega un paquete que incluye certificación de modelo, verificación metrológica anual y resguardo de evidencias por 2 años. La verificación se hace con un vehículo patrón y un lazo de referencia, y genera un número de certificado que debe constar en cada acta. Para evitar impugnaciones, el software guarda 4 piezas: foto panorámica, recorte de chapa, datos crudos de velocidad y sello de tiempo con precisión de milisegundos. Cada evento ocupa entre 2 y 5 MB en servidores redundantes.
Las primeras cifras del operativo y el impacto en la velocidad
En los primeros 10 días, el sistema registró 8.742 actas en un tramo de 2,8 kilómetros, entre las 6:30 y las 22:00. El martes fue el pico, con 1.980 infracciones, coincidente con lluvia ligera y tránsito más ralo. El 62% de los casos fue por superar de 10 a 20 km/h el máximo; el 9% excedió por más de 30 km/h. La velocidad promedio bajó de 63 a 54 km/h a las 96 horas de iniciado el control, según los reportes operativos compartidos con este medio.
La recaudación teórica, si el 100% abonara sin descuento, superaría los $420 millones en 10 días. Pero la administración trabaja con tres datos duros: 35% paga con 50% dentro de 10 días, 25% acuerda plan en 6 cuotas y 15% apela. El resto entra en mora o caduca. Aun con esos porcentajes, el flujo de ingresos ayuda a cubrir el costo del paquete tecnológico, estimado en US$ 210.000 por punto, incluyendo obra, conectividad y mantenimiento por 36 meses.
“Cuando vieron que en 4 días bajó 9 km/h la media, dijeron: ‘Listo, ya cumplió el objetivo’. Pero si no avisás mejor, vas a llenar de bronca al que labura”, resume Luciano.
En paralelo, Seguridad Vial revisó la siniestralidad del sector en 2023 y 2024: 31 choques con lesionados en 24 meses, 6 en horario pico de la mañana. Con el radar activo, en 2 semanas no hubo heridos, aunque el período es muy corto para concluir. El municipio sostiene que el criterio no fue “cazar” sino intervenir en un corredor con cruce peatonal, giros a la izquierda y bicicletas, donde cada 10 km/h extra eleva el riesgo de lesiones graves de manera desproporcionada.
Otro dato operativo es la tasa de falsas lecturas. En la primera semana, 4,1% de los eventos se descartó por mala lectura de placas (barro, portabicicletas, sol raso) o por tráfico superpuesto. Tras ajustar ángulos y umbrales, bajó a 2,7%. El objetivo es estabilizar debajo de 2,0% en 30 días. Esto reduce recursos administrativos: cada descarte insume entre 3 y 5 minutos de revisión humana y cuesta unos $350 en tiempo y sistemas.
¿Multar con equipos casi invisibles mejora la seguridad o solo recauda?
La discusión es concreta y terrenal: seguridad y organización versus dinero y tiempo. Un radar discreto cambia conductas más rápido porque evita la “frenada de cabina” y mantiene las velocidades homogéneas por más metros. En 9 de cada 10 corredores donde se aplicó control continuo, la media bajó entre 6 y 12 km/h en 30 días. Eso reduce choques por alcance y severidad en intersecciones. Pero si el conductor siente trampa, apela más y el sistema administrativo se satura.
¿Qué piden los automovilistas? Carteles más grandes a 300 y 100 metros, geolocalización pública de cada equipo y mensajes en paneles variables durante al menos 30 días desde el inicio. La normativa argentina exige que los cinemómetros estén homologados, verificados y señalizados. También deben figurar en registros accesibles y tener actas con datos completos: lugar, hora, velocidad medida, margen aplicado, límite vigente y número de certificado. Si falta uno de esos campos, el descargo gana fuerza.
- Verifique el velocímetro con GPS: muchos marcan 3 a 7 km/h menos a 60 reales. Ajuste su margen.
- Active alertas de velocidad en su navegador. En pruebas, reducen en 18% los excesos leves.
- Guarde recibos y fotos del tramo. Si el cartel está tapado o girado, súbalo en el descargo.
- Si paga en 10 días, el descuento suele ser del 50%. Pasado el plazo, puede duplicarse.
- Para apelar online, calcule 20 a 30 minutos. La respuesta llega en 7 a 15 días hábiles.
El costo de operación tampoco es menor. Mantener un punto con conectividad 4G/5G y revisión semanal ronda los $1,9 millones al mes, más la amortización del equipo. Por eso, muchas jurisdicciones firman contratos a 36 o 48 meses con cláusulas de desempeño. Si la velocidad media no baja 5 km/h en 60 días, deben reforzar señalización o recalibrar la ubicación. En ese esquema, el control deja de ser solo “caja” y pasa a cumplir una meta medible.
Para el conductor argentino, el punto neurálgico es el tiempo perdido. Un descargo presencial insume 2 a 4 horas entre traslado y fila. Uno online, 25 minutos si se tiene documentación. La decisión racional depende de montos y chances: por debajo de $70.000, pagar con descuento consume menos recursos personales. Por encima de $150.000, conviene revisar cada dato del acta y, si corresponde, impugnar. La clave es no dejar vencer plazos: 10, 30 y 60 días son umbrales típicos.
| Punto clave | Detalle | Qué aporta al lector |
|---|---|---|
| Ubicación y formato | Equipo en poste de alumbrado, caja de 20×15 cm, altura 5,2 m | Permite identificar el dispositivo en la vía pública |
| Operación técnica | Radar Doppler, cámara IR, precisión ±2 km/h, 24/7 | Aclara cómo mide y por qué no hay flash visible |
| Cifras iniciales | 8.742 actas en 10 días; media bajó 9 km/h en 96 horas | Dimensiona el alcance y el efecto en la velocidad |
| Qué hacer | Descuento 50% en 10 días; descargo online en 25 minutos | Entrega pasos concretos para decidir rápido |