Con una sola jubilación Aníbal y Rosa recorren el país en su propia combi desde hace cuatro años: el método para no gastar en peajes

13 octubre, 2026

Son las 6.40 en una YPF de Las Flores, sobre la Ruta 3. Aníbal seca el mate con una servilleta, Rosa ordena dos mapas doblados con cinta. La combi, una Volkswagen de 1988, tira un soplido corto al arrancar. Afuera, 3 grados y un cielo pálido de invierno. Cargan 25 litros de agua, revisan presión: 28 libras adelante, 32 atrás. En 15 minutos salen hacia Azul por caminos provinciales. Evitarán la Autopista y, sobre todo, cualquier cabina de peaje.

Hace cuatro años que viven así, moviéndose a 80 km/h y parando cuando baja el sol. Con un solo haber jubilatorio y un plan afinado, recorrieron 23 provincias y más de 120.000 kilómetros. Dicen que lo lograron con orden: gastar menos en nafta, dormir gratis la mayoría de las noches y no pagar peajes. Su método, aprendido con prueba y error, combina colectoras, rutas provinciales y desvíos cortos autorizados.

De la jubilación a la ruta: el arranque con una sola entrada

El proyecto empezó en 2020, cuando Rosa, 66, sumó su retiro al de Aníbal, 68. Optaron por vivir con un solo ingreso y guardar el otro para emergencias. Compraron la combi en 2019, equivalente a 8 haberes mínimos de entonces, y la prepararon en 6 meses: amortiguadores, tren delantero, frenos y una cama de 1,90 por 1,40. Instalaron un panel solar de 200 W y una batería de 100 Ah a 12 V para heladera, luces y carga de celulares.

El presupuesto se armó con porcentajes, no con precios que cambian cada mes: 35% para nafta, 25% comida, 15% mantenimiento, 10% salud y 15% imprevistos. Con ese esquema recorren en promedio 2.500 km mensuales, lo que da 30.000 km por año. La combi consume 10 a 11 litros cada 100 kilómetros; la velocidad crucero es 80 a 85 km/h para no castigar el motor y ahorrar combustible.

La logística del día a día se consolidó durante los primeros 90 días. Aprendieron a elegir estaciones con duchas, a cocinar con una garrafa de 3 kilos y a lavar la ropa cada 10 a 12 días en lavaderos económicos. Duermen 20 a 24 noches al mes en paradores de ruta, YPF y campings municipales gratuitos. Pagan estadía sólo cuando necesitan electricidad sostenida o una ducha caliente asegurada.

En cuatro años sumaron 1.300 noches en la combi y apenas 60 en casas de familia o talleres, casi siempre por reparaciones. Cambiaron cubiertas cada 40.000 km, alinearon dos veces por año y hacen cambio de aceite cada 7.500 km. “El secreto es no apurarse”, repite Aníbal. Con menos apuro, menos roturas; con menos roturas, menos gastos que se comen la jubilación.

Cómo evitan peajes sin violar la ley: colectoras, rutas viejas y desvíos cortos

El método se apoya en una regla: peaje equivale a autopista o tramo concesionado; si hay una traza alternativa segura, se usa. Dos herramientas sostienen esa decisión. Primero, mapas offline con capas de caminos municipales y provinciales, que muestran colectoras y accesos paralelos. Segundo, un cuaderno con 72 peajes marcados y el desvío específico para cada uno: salida 1 a 3 kilómetros antes de la cabina, cruce por camino lateral habilitado y reingreso 2 a 4 kilómetros después.

Hay tramos del país donde la pregunta ni aparece. La Ruta 40, de Jujuy a Santa Cruz, no tiene peajes en la mayoría de sus secciones; lo mismo la Ruta 3 desde Bahía Blanca hasta Comodoro Rivadavia. En esos corredores avanzan 400 a 500 km al día sin abrir la billetera. El desafío está cerca de grandes ciudades, donde las concesiones suman cabinas. Allí entran en juego colectoras, anillos municipales y rutas provinciales paralelas.

Un ejemplo típico: ante una cabina de peaje, bajan a colectora 2 kilómetros antes, avanzan por la calle de servicio que usan los frentistas y regresan a la ruta principal después del playón. Está señalizado como “Tránsito local” o “Camino de servicio”. No rompen barreras, no pasan por banquina, no discuten con el peajista. Simplemente circulan por la vía pública alternativa. Esa maniobra suma 5 a 10 minutos al trayecto y ahorra el costo de la barrera.

Cuando no existe colectora, priorizan rutas provinciales paralelas. Suele implicar 20 a 40 kilómetros extra por tramo y 30 a 50 minutos más de manejo, pero el ahorro cierra. Rosa anota en el cuaderno cuánto agregaron, dónde retomaron la nacional y si el pavimento estaba en buen estado. Con el tiempo, el registro permite elegir, por ejemplo, entre dos RP: la 47 con 12 kilómetros de serrucho o la 41 con 8 kilómetros impecables.

La clave es salir de la traza un poco antes del peaje y volver un poco después. Si hay colectora habilitada, no hay discusión ni multa.

El cálculo es frío: cada peaje evitado equivale a 1 o 2 litros de nafta ahorrados en el presupuesto. En un viaje largo con 10 cabinas, la diferencia se nota. Elijan la vía que elijan, nunca circulan de noche. El método exige ver cartelería, entradas y retornos; con poca luz se duplica el riesgo de perder una boca de acceso o meterse en una calle sin salida. Por eso manejan entre las 7.00 y las 18.00, con paradas cada 120 a 150 kilómetros.

Vida a bordo y cuentas claras: alimentación, salud y mantenimiento

Comen simple y barato. Desayuno con mate y pan, almuerzo de olla (arroz, lentejas, verduras) y cena fría si el día fue largo. Compran en ferias municipales y verdulerías de barrio, evitan estaciones de servicio para todo lo que no sea combustible. El agua se carga cada 3 a 4 días en clubes, plazas o estaciones, con un filtro de 5 micrones y 2 bidones de 20 litros. Para higiene, una ducha solar de 20 litros y toallas de secado rápido.

  • Planifican el desvío del peaje con mapas offline (OSM y cartografía provincial), marcando colectoras y accesos.
  • Reducen el consumo a 80-85 km/h y neumáticos a 28/32 psi según carga para alargar cubierta y bajar gasto.
  • Consultan en gomerías y estaciones locales por el “camino de servicio” habilitado, con nombres de calles y rotondas.
  • Eligen rutas provinciales con banquina afirmada y evitan 100 km de ripio si hay lluvia pronosticada en 24 horas.
  • Agendan controles de salud cada 6 meses en hospitales públicos y guardan recetas en sobres por provincia.

La salud condiciona la ruta. Aníbal controla la presión y camina 4 kilómetros diarios; Rosa ordena la medicación por semanas. En ciudades grandes entran a primera hora a hospitales públicos para análisis y renovaciones. Si hay que esperar, posponen el tramo siguiente y duermen en un camping municipal. El reloj de la jubilación manda otra regla: no acumular multas ni deudas. Conducen sobrios, luces en regla y todo el papel al día.

El mantenimiento es preventivo. Cada 7.500 km cambian aceite y filtro; cada 10.000, revisan frenos; cada 20.000, controlan suspensión. El embrague resistió 60.000 km antes del recambio. En cuatro inviernos cambiaron 2 veces la batería de arranque. Evitan los tirones: subidas largas en tercera a 60 km/h, bajadas con freno motor. Anotan gastos por rubro en una planilla sencilla: fecha, kilómetros, taller, pieza y garantía. Así saben dónde volver si algo falla.

No corremos. Si tardamos 18 minutos más por esquivar una cabina, está bien. Nuestra cuenta cierra por mes, no por día.

Para dormir, la prioridad es seguridad. Prefieren estaciones de servicio abiertas 24 horas, con cámaras y gente circulando. Si el lugar no convence, siguen 30 o 40 kilómetros hasta el próximo pueblo. En cuatro años tuvieron 0 robos y 2 sustos resueltos con sentido común: mover la combi 500 metros a la zona iluminada y avisar en la caja que iban a pernoctar. De noche, cierran puertas con traba y no exhiben equipamiento.

¿Hasta cuándo podrán sostener la ruta sin pagar peajes?

La pregunta los persigue menos que antes. Su método depende de tres factores: que sigan existiendo colectoras habilitadas, que las rutas provinciales paralelas se mantengan transitables y que la combi aguante otros 50.000 kilómetros sin una reparación mayor. Por eso revisan noticias viales cada 30 días, ajustan itinerarios y evitan obras grandes. Si un tramo suma una cabina sin colectora, redibujan el mapa y agregan 25 a 35 kilómetros por día.

También tienen un plan B por si suben fuerte los costos o la salud pide pausa: bajar el ritmo a 1.800 km mensuales, priorizar corredores sin peaje como RN 3, RN 40 y RP bien conservadas, y estacionar 10 a 14 días en un mismo pueblo a cambio de tareas livianas. Ese esquema reduce consumo de combustible 25% y mantenimiento 15%. Aceptan que la velocidad del viaje se ajuste a la realidad del bolsillo y de las piernas.

Proyectan 2027 con un objetivo concreto: completar 150.000 kilómetros totales, visitar las 23 provincias y dejar mapeados al menos 90 peajes con desvíos legales. Comparten la información con otros viajeros en papel, en estaciones y talleres. Sostienen que el aprendizaje sirve incluso a quien no vive en una combi: para ir de un punto a otro, casi siempre hay más de un camino. Identificarlo lleva tiempo, pero devuelve ahorro y control del viaje.

Punto clave Detalle Qué aporta al lector
Método sin peajes Colectoras 1-3 km antes y después, rutas provinciales paralelas, registro de 72 cabinas evitables Guía práctica para circular legalmente sin pagar barreras
Ritmo y consumo 80-85 km/h, 10-11 L/100 km, paradas cada 120-150 km, manejo diurno Parámetros reales para planificar tiempo y combustible
Presupuesto jubilado 35% nafta, 25% comida, 15% mantenimiento, 10% salud, 15% imprevistos Modelo simple para ordenar gastos variables sin depender de precios
Logística vital Panel 200 W, batería 100 Ah, ducha 20 L, controles de salud cada 6 meses Checklist de equipamiento y rutina para sostener el viaje
Camila Torres

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Soy periodista y redactora en Diario22.ar, apasionada por las historias que conectan la actualidad con la gente. Me formé en comunicación social en Buenos Aires y desde entonces busco darle voz a lo cotidiano, con una mirada curiosa y humana. Creo que el periodismo no solo informa: también inspira y transforma.

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